Seguridad, México contra la historia | Ernesto López Portillo

Primer puñetazo. ¿Qué se siente dedicarse a proponer mejoras sobre algo que cada día está peor? La pregunta acabó con mi ánimo por unas 72 horas. Afortunadamente me la regalaron un ‪viernes por la tarde, así que arrastré los pies el fin de semana entero. Para el día lunes ya había encontrado alguna cuerda en el cuadrilátero para poderme medio levantar. La frase vino de un entrañable amigo. Estoy seguro que no buscaba llevarme a la lona pero vaya que sus palabras fueron devastadoras.

Digamos que uno jamás quiere tomar conciencia del fracaso. Y apenas es necesario decirlo, México es un laboratorio del fracaso en políticas de seguridad. Un laboratorio ciego, por cierto. Se producen sin parar experimentos fallidos que no quedan documentados y por lo mismo se repiten una y otra vez; pero también de pronto se tienen logros que tampoco aterrizan en una narrativa científica y técnica que explique qué funcionó bien, cómo y porqué. Así me lo dijo un connotado experto en Europa: “México desde acá se ve como un interminable laboratorio de la violencia”. Aquí el segundo descontón. A levantarse otra vez.

Luego de concluir casi 15 años al frente de Insyde decidí regresar al otro lado del Atlántico, justo donde empecé mi observación internacional comparada en la calle. Fue en Europa donde construí mi primer amplio mapeo sobre las políticas en seguridad ciudadana y la mejora policial. Ahora lo volveré a hacer.

Estoy empezando mi segunda vuelta. Una vez más miraré directamente en la calle qué funciona y qué no para construir comunidades seguras y no violentas en múltiples contextos y en todos los continentes; regresaré a donde no se ha encontrado la manera de frenar la violencia y a donde la violencia hace mucho dejó de ser parte de la convivencia. Alguna vez salté entre barrios donde hay policías ejecutados todos los días y otros donde pregunté y no recordaron la última vez que un policía había muerto por arma de fuego. Lo haré de nuevo. Y desde el contraste modelaré mi nueva fotografía sobre el estado del arte en torno a la seguridad y la violencia. ¿Qué funciona y qué no funciona en cada contexto?

Tengo maestros en todos lados. Uno de ellos, nacido en los Estados Unidos, me dijo hace mucho que los estudios internacionales comparados enseñan que la gran mayoría de los países tienen problemas serios para construir comunidades seguras y no violentas. La pregunta no es si tienen dificultades, la pregunta es cómo las resuelven. La lección me la escribí entre ceja y ceja. Yo no viajo para ver quién se libró de la inseguridad y la violencia, sino para entender qué hacen los gobiernos y los gobernados para intentarlo.

Cuando por primera vez me instalé en Europa, lo hice en Cataluña. España, invitado por Amadeu Recasens i Brunet, uno de los más connotados especialistas en seguridad en el mundo, por cierto ahora en funciones de Comisionado de Seguridad en el Ayuntamiento de Barcelona. Con él y su equipo abrí la puerta hacia esa doble mirada que construye soluciones locales desde saberes globales. Una puerta que ya nunca cerraría.

Es de él esta frase: “Cuando se habla de seguridad, y más concretamente de seguridad ciudadana, se pone de manifiesto la ausencia de un discurso elaborado, de un análisis sereno. Ni tan sólo el marco o la definición de lo que se quiere saber aparecen de manera nítida. El problema se suele reducir a temas de criminalidad, de policía, justicia, las relaciones existentes entre ellas y la valoración de su eficacia, a partir de análisis bastante poco elaborados sobre incrementos, disminuciones, tasas, y otras cifras que desembocan en guerras de datos centradas -y limitadas- a una bipolaridad crimen/sistema de justicia criminal. En ese debate, las políticas, sus motivaciones y sus justificaciones parecen pasar a un segundo plano, eclipsadas por una banalización y un simplismo maniqueísta que tratan de sacar provecho de la visceralidad” (La seguridad y sus políticas, Atelier, 2007).

Pareciera como si el autor estuviera hablando de nuestro medio, pero luego viene la corrección total de rumbo: “Esta política -basada esencialmente en la acción de los aparatos policial y judicial- corre el riesgo de perder de vista la combinación de medidas represivas, preventivas y de acompañamiento social, sin cuyo recurso jamás ha sido superada ninguna crisis de seguridad entre la ciudadanía”. El subrayado es mío y debería ser de todos. El acompañamiento social es la tracción que mueve a superar las crisis de seguridad. ¿Así o más claro?

Va al tercer puñetazo. Otro colega me dijo en diciembre pasado, justo cuando le contaba sobre mi etapa de transición, que a su parecer en México se han hecho todas las propuestas posibles para construir la seguridad anhelada a través de políticas equilibradas entre la represión y la prevención y justamente soportadas en la tracción social, precisamente como la que el experto europeo refiere. Ya las propuestas se han hecho de todas las maneras posibles, insistió. No se escuchan y probablemente no se escucharán por tiempo indefinido, remató. Tercer puñetazo. Otra vez visité la lona. Y nuevamente medio me levanté.

Tres terribles descontones: en México la inseguridad y la violencia solo han venido empeorando; parece tratarse de un laboratorio interminable del horror y quienes deciden han decidido no aprender de las lecciones para el cambio de rumbo. Así lo enseña la más reciente edición del Índice de Paz, donde por primera vez este país degradó su calificación debido al incremento de homicidios.

En realidad es aún peor. Vamos justo en contra de las lecciones aprendidas en el mundo. Acá en Europa me preguntaron porqué mi país no aprende de los terribles saldos de la militarización de la seguridad en América Latina. Fue uno de esos momentos incómodos en que no hay palabras para responder. Cuarto golpe. A la lona de nuevo. Resulta harto complicado, por decir lo menos, explicar de este lado del Atlántico que mi país construyó un sistema nacional de seguridad pública, después diseñó las herramientas jurídicas más potentes para la persecución del crimen organizado, luego promovió una reforma penal de gran calado, para seguir con una más igualmente mayúscula en materia de Derechos Humanos, todo ello para terminar habilitando como policías a decenas de miles de militares.

Justo cuando inicio este segundo periplo ya escucho a las y los precandidatos a la presidencia en México repetir las mismas ofertas que recuerdo haber registrado en la contienda de 1994. Serán cinco elecciones presidenciales con las mismas ofertas para la seguridad construidas casi siempre desde la ocurrencia. Todo igual y en realidad todo peor. El mundo es un laboratorio de esfuerzos y cambios para construir comunidades seguras y no violentas. Nuestro país, salvo mínimas y efímeras excepciones, ha decidido no ser parte de ello. Eso es lo que hay. Así nos va y así nos irá.

FUENTE: ANIMAL POLÍTICO

ENLACE: http://bit.ly/2oDAmWu

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