La tragedia de la migración | Ricardo Monreal Ávila

La diplomacia no implica poner una y otra vez la mejilla, cada vez que te golpean. La diplomacia implica también dureza, firmeza y actitudes dignas frente a la rudeza, la agresividad y la insolencia.

El día anterior a la visita oficial a México de los secretarios de Estado y de Seguridad Interna, Rex Tillerson y John Kelly, el gobierno norteamericano ordenó detener y remitir a México a todo migrante indocumentado, aunque no sea de origen mexicano.

¿Qué significa esto?

Que muy pronto la frontera norte de México se convertirá en el patio trasero de miles y miles de deportados centroamericanos, sudamericanos, asiáticos, africanos y de cualquier otra nacionalidad que declare haber ingresado a los Estados Unidos por territorio mexicano.

En cuanto la cifra de deportados a México llegue a 500 mil migrantes, mexicanos o no (cifra que puede alcanzarse en seis meses), tendremos en las ciudades mexicanas de la frontera norte una crisis humanitaria sin precedente.
Simple y sencillamente, proveer de servicios a esta nueva población, desde alimentación hasta seguridad, pasando por salud, empleo y morada, no lo podrá satisfacer ninguna de las entidades fronterizas ni el gobierno mexicano mismo.

Ciudades como Tijuana, Mexicali, Nogales, Juárez, Ojinaga, Nuevo Laredo, Reynosa o Matamoros, pronto se verán pobladas por migrantes de diversas nacionalidades que deambularán por sus calles implorando ayuda, comida, dinero, ropa y un techo donde pasar el día o la noche.

Si no podemos satisfacer las necesidades básicas de los mexicanos que ya están residiendo en la frontera, ¿ustedes creen que podremos atender a medio millón de nuevos habitantes?

Hace unos días fuimos testigos de la tragedia de un migrante. Un ciudadano deportado por Tijuana, prefirió suicidarse lanzándose desde el puente de San Ysidro, que regresar a su lugar de origen.

Nadie supo ni su nombre. Porque lo único que portaba a su regreso era la bolsa de plástico con una muda de ropa y una cajita de alimento que entregan las autoridades de migración americana a los deportados.

Así terminó este migrante su sueño americano: en una pesadilla de odio, decepción y tristeza.

¿Entenderá nuestro gobierno la crisis humanitaria que se nos viene encima?

Tal parece que no, porque a cada bofetada que el gobierno del señor Trump nos propina, el gobierno de México pone una y otra vez la otra mejilla, olvidando que sólo hay dos mejillas.

Frente a la diplomacia ruda de nuestro vecino del norte, México debe anteponer la diplomacia digna y dura.

Hay que ir a las instancias internacionales a denunciar este atropello a los derechos humanos de los migrantes, sean o no mexicanos; hay que hacer un frente común con los países latinoamericanos afectados; hay que convertir la frontera norte de México en una zona económica franca de desarrollo; hay que hacer valer los más de 40 tratados y acuerdos comerciales y de inversión que México tiene en el mundo, para enfrentar el muro de la ignominia y el odio, con puentes de entendimiento, cooperación y colaboración hacia los 5 continentes.

El gobierno de México debe dejar de ser el punching bag o el payaso de las cachetadas de la administración Trump, y ponerse de lado de México, de Latinoamérica y de los migrantes.

Sólo así será respetado, escuchado y querido ante el mundo.

En cambio, para enfrentar y confrontar a un opositor interno como es Andrés Manuel López Obrador, para eso el gobierno sí se pone muy duro, enérgico y valiente. Veamos lo que pasó con el intercambio de tuits entre AMLO y personeros del gobierno mexicano a propósito de una confrontación entre las fuerzas armadas y una célula del crimen organizado. Un episodio que podríamos llamar la tuitosis mexicana.

La tuitosis mexicana tiene dos manifestaciones. Mientras los dardos de las cuentas @POTUS y @realDonaldTrump han producido parálisis y silencio en el gobierno mexicano, los comentarios de la cuenta @lopezobrador_ han generado inflamación, comezón y urticaria propia de pieles ultra sensibles.

López Obrador escribió: “La mayoría de los masacrados en Tepic por la Marina eran jóvenes. La política neoliberal les ha cancelado el futuro. Con MORENA será distinto” (11 de febrero 2017). El mensaje fue acompañado de una animación donde expone la problemática y la propuesta de AMLO para ofrecer opciones a los “ninis”, en lugar de adoptar conductas antisociales.

El mensaje generó días después una respuesta tanto del secretario de gobernación como del Presidente Peña Nieto, con las siguientes líneas: 1) niegan que entre las bajas registradas existieran niños; 2) quien afirme que las personas dedicadas al crimen organizado es por falta de oportunidades, “trata de lucrar políticamente”, 3) “Ni los simplismos ni los remedios populistas son alternativas para fortalecer la seguridad, es con acción, es con trabajo”; 4) no se puede regatear el reconocimiento a las fuerzas armadas, por sus acciones patrióticas”.

A este diagnóstico, el dirigente de Morena respondería con otro tuit: “Al triunfo de nuestro movimiento no habrá ni masacres ni torturas. No somos iguales a Calderón o a Peña” (16 de febrero del 2017).

El pasado domingo, con motivo del día del ejército, el presidente Enrique Peña retomaría el tema: los cuestionamientos a las fuerzas armadas “no son admisibles y este gobierno reprueba las descalificaciones sin sustento” (19 de febrero).

La tuitosis generada por el operativo en Nayarit debe ir, en efecto, más allá del lucro político, entendido éste no solamente como la oportunidad de fijar una postura partidaria en tono a la violencia y la inseguridad, sino sobre todo como el intento de distanciar a las fuerzas armadas respecto a un dirigente político que disiente de la estrategia seguida en los últimos 10 años para combatir a la delincuencia organizada.

Este evento debería servir para ventilar y contrastar a fondo los dos enfoques dominantes que hemos conocido en los últimos años para abordar un flagelo como el de la violencia y la inseguridad: el enfoque policial o el del desarrollo social.

La estrategia policial consiste en descabezar cárteles, alta letalidad militar, crecientes erogaciones presupuestarias y violaciones a los derechos humanos. La estrategia de desarrollo social (o populista como le llaman sus detractores), consiste en ofrecer más escuelas y menos cárceles para los jóvenes, evitar la conversión de ejidatario a sicario mediante la reactivación productiva del campo, y combatir a fondo la impunidad judicial y la corrupción política que son la raíz de la descomposición social.

Hay ejemplos de una y otra estrategia. La policial de los últimos 10 años, ha dejado en el país cerca de un millón de víctimas (100 mil ejecutados, 26 mil desaparecidos, 200 mil desplazados; multiplicado por 4 familiares afectados en promedio).

El enfoque social que siguió la Ciudad de México en el período 2000-2006, en el gobierno de AMLO, que logró bajar y contener el índice delincuencial, volviéndola una de las ciudades más seguras del país.

FUENTE: DIARIO POR ESTO!

ENLACE: http://bit.ly/2mbqFxB

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