José Solé, una columna esencial del teatro mexicano | Ariel Avilés Marín

En el año de 1984, la Muestra Nacional de Teatro se celebró en Xalapa, Veracruz; a este importante evento de dramaturgia concurrieron los grupos teatrales más destacados del país, como lo eran los de la UNAM, el de la Universidad de Guadalajara, el de la Universidad de Guanajuato y otros grupos independientes que se presentaban en el evento.

Nuestro estado, Yucatán, concurría ese año para un homenaje nacional al Teatro Regional y a la familia Herrera. También habían concurrido al evento importantes personalidades a las que tuve la oportunidad de conocer y tratar, como es el caso de Vicente Leñero y Emilio Carballido. También conocí durante el homenaje que se le rindió a Don Rafael Solana.

El evento fue coordinado por un, entonces, joven talentoso colombiano de nacimiento, Ramiro Osorio Fonseca, con quien hice muy buena amistad; quién me diría que las vueltas que da la vida me llevarían a reencontrarme con él aquí en Mérida, como Embajador de Colombia y posteriormente, como Ministro de Cultura de su país.

La sensación del evento, lo fueron dos puestas en escena: “Bodas de Sangre”, de Federico García Lorca, que presentaba el Laboratorio de Teatro Campesino e Indígena de Oxolotán, Tabasco, dirigido por la Mtra. María Alicia Martínez Medrano, cuya presentación en las faldas de un cerro causó verdadera emoción entre los conocedores de la materia. El otro plato fuerte del evento lo fue la magnífica puesta en escena de la “Andrómaca”, de Jean Racine, por la Compañía Nacional de Teatro bajo la dirección de José Solé.

La “Andrómaca” era un trabajo exhaustivo de investigación previa, que Pepe Solé había realizado mucho antes de llegar al montaje de la obra y que tuvo un resultado sensacional. La escenografía, una reproducción fidedigna del Teatro de Cámara de Versalles, bajo el gobierno de Luis XIV; el vestuario, el producto de una minuciosa reproducción de los trajes de época expuestos en el Museo Greg Maintenom, en París, y por último, Solé utilizó la música original para la obra compuesta por Lully en el S. XVIII.

Cada detalle fue cuidadosamente respetado; la obra abría y cerraba con los heraldos de la corte, con estandartes y trompas sonoras, ejecutando la fanfarria de Lully, compuesta exprofeso. Los papeles protagónicos recayeron en dos, entonces, jóvenes actores: Andrómaca fue interpretada por Laura Zapata y Orestes por Arturo Beristaín.

Todo ello, en el Teatro del Estado de la ciudad de Xalapa. Como era de esperarse la puesta fue un clamoroso triunfo de la Compañía Nacional de Teatro y de su director José Solé.

José Solé Nájera, nace en Mixcoac, Ciudad de México, el 28 de junio de 1929; sus padres Juan Solé y María Magdalena Nájera impulsaron su amor por el teatro desde su infancia. Al cumplir siete años, su padre le regala un escenario para teatro de títeres; su pasión por este pasatiempo fue tan grande que reprobó en la escuela por estar dedicado a crear mil y una fantasías para sus personajes con hilos, y sus padres deciden quitarle el juguete como castigo; pero su destino en los escenarios ya estaba marcado.

En su escuela secundaria forma parte del grupo de teatro, iniciando así su experiencia en los escenarios; muy pronto lo encontramos haciendo pequeños papeles en el cine mexicano y de ahí toma la decisión de estudiar formalmente teatro. Se inscribe a la Escuela de Arte Teatral del Instituto Nacional de Bellas Artes y luego es becado por el gobierno francés para continuar sus estudios en París, bajo la dirección de René Dupoy. También estudió escenografía con el maestro Julio Prieto.

Su carrera por los escenarios duró más de seis décadas y en ese tiempo transitó por todos los caminos posibles, pues fue actor, director de escena, diseñador de vestuario y llegó a dirigir importantísimos institutos y foros culturales. El propio Solé mencionaba como los maestros que habían dejado huella en su vida a: André Malraux, Clementina Otero, Xavier Villaurrutia, Salvador Novo y Fernando Warner.

Entre los cargos de importancia que ocupó durante su carrera, podemos mencionar: Director de la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA, fue Coordinador Nacional de Teatro; fundador y director de la Compañía Nacional de Teatro y también Consejero Cultural de la Embajada de México en la Unión Soviética. Solé fue uno de los grandes impulsores del programa para la creación de teatros en el IMSS.

Su carrera en el género de teatro clásico griego se originó por una verdadera casualidad, en una memorable conversación dijo: “Criticaba mucho cómo se montaba el teatro griego en nuestro país; en cierta ocasión me escogieron para dirigir “Romeo y Julieta”, pero al regresar de unas vacaciones, durante las que trabajé en el montaje, la obra se la habían dado a otro director. Yo era joven y dramático, así que hice un ‘panchote’, lloré, renuncié al IMSS; entonces, Benito Coquet propuso: ‘Ya que Solé siempre está criticando, dénle una obra importante’, y me dieron ‘Las Troyanas’, que en principio no me gustó, pero me dijeron que la hiciera con el reparto que yo escogiera, así que llamé a Ofelia Guilmain y Carmen Montejo, entre otras. La puesta fue un éxito y de ahí siempre me llamaron para hacer teatro griego, hasta que me lo acabé”, recordaba con gran placer.

Fue impulsor y fundador de importantes instituciones como: El ITI México, el Centro de Documentación Teatral “Rodolfo Usigli”, el Centro de Experimentación Teatral “El Galeón”, el “Titiriglobo” en el que reunió el acervo de marionetas de Angelina Belov, del Maestro Lago y de la compañía de títeres Rosete Aranda.

Su labor como director abarcó todos los géneros teatrales, incluso la ópera, obteniendo grandes distinciones en su larga trayectoria.

Desde 1984, nos volvimos a encontrar en la Feria del Libro Teatral, del Centro Cultural del Bosque, en el año 2010, evento al que yo asistí para presentar el libro del Mtro. Fernando Muñoz, sobre la vida y obra de Héctor Herrera “Cholo”.

Cumplido este compromiso, Fernando y yo nos dedicamos a entrar a los diferentes eventos de la feria; en el gran y último homenaje a Carmen Montejo, nos encontramos presentando la semblanza de la homenajeada, nada menos que a Pepe Solé, lo concurrido del evento no nos permitió acercarnos a saludarlo. Momentos después, en otra carpa, Fernando y yo entramos a la presentación de dos libros de Manuel Mañón: “Historia del Viejo Teatro Nacional de México” e “Historia del Teatro Principal de México”, el evento se interrumpió por una salva de aplausos al hacer su entrada Pepe Solé y un edecán lo llevó a sentarse precisamente al lado de nosotros; después de la presentación de los libros, charlamos largo y ameno, éste sería nuestro último encuentro.

El pasado día 15 de este mes, Pepe Solé pasó a ocupar un lugar de honor en la historia del teatro en México, su larga trayectoria y su invaluable labor nos hacen colocarlo en un lugar de preeminencia en la historia del teatro mexicano. Sin duda de ninguna especie, es una de las columnas que sostienen este arte excelso en nuestro país.

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