Los tamales, entraña de Mesoamérica y el Caribe | Ariel Avilés Marín

En el año de 1994, la Liga de Acción Social organizó uno de sus seminarios de Cultura Maya que sería impartido en San Juan de Puerto Rico; el Instituto de Estudios Superiores de Puerto Rico y el Caribe, que en ese entonces dirigía el Dr. Ricardo Alegría, fue la sede del evento que, además del seminario, incluía una exposición pictórica y muestras de ballet folclórico y trova yucateca. Como parte de la delegación iba, en lo relativo a la música de trova, el Ing. Roberto MacSwiney Salgado, quien es un verdadero canciller de la música yucateca en el mundo, por lo que no era de extrañar que nos anunciara un noche: “Mañana nos esperan a comer en casa del “Jibarito” Hernández, nos invitan su esposa y sus hijos y nos van a preparar comida típica de Puerto Rico”. Todo el grupo recibió la noticia con gran alegría, pues conocer a la familia de un artista de la talla del “Jibarito” no es cosa de todos los días, y además entrar en contacto con la culinaria borinqueña se antojaba genial.

Al día siguiente, muy puntuales, pasado el mediodía, la delegación yucateca nos apersonamos a la casa de la familia Hernández Navarro, donde Doña María Navarro, esposa mexicana de Rafael Hernández, con sus hijos, encabezados por “Chalí”, nos franquearon las puertas de su hogar. La plática tomó su curso entre las remembranzas sobre la vida y obra del compositor, anécdotas ocurridas en sus estancias en nuestro país y tema obligado, cómo se habían conocido él y doña Mary. “Chalí” y sus hermanos, con guitarras, pusieron la nota musical a la reunión. Llegó la hora de comer y en una larga mesa en la terraza, se sirvió un variado bufet de comida borinqueña; entre los platillos destacaba un gran platón lleno de tamales, cuyo aspecto era idéntico al de nuestros vaporcitos o tamalitos de Ticul, envueltos en hoja de plátano, torteados y brillosos de grasa, exactamente como los nuestros. Al probarlos, cuál no sería nuestra sorpresa al encontrar que eran de sabor dulce. Los tamalitos de Puerto Rico no son de masa de maíz, su masa es de plátano blanco machacado y amasado con manteca y especias, y se rellenan con puerco y pollo, como los nuestros. Este encuentro con los tamales de Borinquen me trajo a la memoria un pasaje de la genial novela de Alejo Carpentier: “El Recurso del Método”, en uno de los capítulos cercanos al final de la obra, Alejo nos describe la nostalgia en el corazón del viejo dictador por las cosas dejadas en su patria americana y tropical. La Coronela, vieja y fiel servidora del dictador, conmovida por la tristeza del hombre, se lanza al mercado, en París, y con gran esfuerzo logra conseguir los ingredientes para hacerle una comida con todas las de la ley de su añorado país caribeño; desde luego, en el banquete no podía faltar la presencia de tamales, que la Coronela hace de malanga y de boniato, reducidos a masa a puñetazo limpio y los rellena de pollo y carne de cerdo, que tanto trabajo le costó conseguir en los mercados de la vieja Lutecia.

El tamal, manjar de dioses con nombre y sabor tropical, vínculo de unión de los pueblos que integran esta tierra nuestra que es mesoamericana y caribeña. Ofrenda sagrada que puede estar presente en los altares de haanal pixán, dándose la mano con las ofrendas depositadas a Eleguá, el “Guerrero Divino”, para que abra los caminos del oferente. El tamal, entraña de nuestros pueblos que los pinta con todos los colores conque las hierbas y especias y los mil y un chiles le permiten. Tamales que se multiplican en aspectos y sabores en cada girón de esta patria mexicana y en los pueblos hermanos del Caribe.

La variedad y riqueza del tamal hace en nuestro arte culinario un renglón especial y de una variedad infinita. Tan sólo en nuestro Yucatán, hay una gran variedad de tamales, todos ellos deliciosos y tan diferentes los unos de los otros. ¿Quién no disfruta profundamente cenar unos ricos vaporcitos con una gran taza de chocolate espeso? ¿Es comparable el placer de abrir la hoja de plátano para encontrar un suave y delicioso tamal colado o de especia para degustar comiéndolo con una cuchara? ¿Y los chachacuajes y los tobijoloches? Cada uno tiene su encanto y suculencia diferente e incomparable. En el cercano Campeche, es un placer cenar una “merienda”, que así llaman a una variedad de tamal de xpelón, rico, con sólo masa y manteca, con la sin igual leguminosa regional.

En vecinos estados como Chiapas, existe también una gran variedad de tamales muy distintos, como los exquisitos tamales de chipilín. Y qué decir de Oaxaca, en donde existe una gran variedad de este delicioso guiso que sobrepasa los cien tipos diferentes. En Michoacán nuestro paladar puede epatarse saboreando los uchepos o las corundas, dulces tamales tradicionales, herencia rica del pueblo purépecha. En el centro del país, la variedad de tamales es enorme; los encontramos de dulce, de rajas de chile, de mole y todas las variedades más que la imaginación pueda concebir. ¿Y qué decir de los inenarrables tamales fritos de Aguas Calientes?

El entrañable tamal extiende sus dominios a todos los pueblos de América Central y a las islas del Caribe. Quien ha ido a disfrutar del Sol en Playa del Este, en La Habana, habrá tenido la oportunidad de escuchar el pregón de los alegres tamaleros ofreciendo su producto: “¡Tamaaales, tamales con salsa!”, cantado a todo pulmón y llevándolos en una “jaba” con asas y un gran pomo lleno de dulce salsa de tomate. El tamal cubano es una suave masa de maíz con especias y se baña de una salsa de tomate de dulce sabor y está envuelto en hojas de elote, como los tamales del centro de México. Y en las costas del Caribe más lejano, en Colombia o Venezuela, el tamal es también presencia firme y emblemática de las cocinas de esos lares. Baste leer alguna escena de festividad macondiana salida de la pluma de Gabo, para encontrarnos a su majestad el tamal, presente en la mesa de la Mama Grande o de Isabel.
El tamal está presente en la mesa de todo latinoamericano que se precie de serlo, su significado y pervivencia está entrañablemente ligada a la esencia de nuestras tierras que abarcan Mesoamérica y el Caribe.

2 pensamientos en “Los tamales, entraña de Mesoamérica y el Caribe | Ariel Avilés Marín”

  1. Hola, pertenezco a una asociación llamada International Neighbors en Ann Arbor, Michigan, y escribí un pequeño artículo sobre los tamales para nuestra “newsletter” mensual. La fotografía que ilustra el artículo de Ariel Avilés Marín me gusta mucho. Escribo para preguntar si sería posible que yo la utilice para ilustrar mi artículo dando los créditos correspondientes al fotógrafo y al blog, por supuesto. Quedo en espera de su respuesta. La fecha límite para la entrega de mi artículo es el 31 de marzo de 2017. Espero poder tener respuesta de ustedes antes de esa fecha. Muchas gracias por la atención a mi solicitud.

  2. Hola. Pertenezco a una asociación llamada International Neighbors en Ann Arbor, Michigan, y escribí un pequeño artículo sobre los tamales. La foto que ilustra el artículo de Ariel Avilés Marín me gusta mucho y me gustaría saber si con ella puedo ilustrar mi artículo. Si se me autoriza el uso de la foto, por favor, podrían darme el nombre del fotógrafo y quién más deberá darse crédito. La fecha límite de la entrega de mi artículo es el 31 de marzo de 2017. Espero puedan responderme ante de esa fecha. Muchas gracias.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s