Dominio absoluto del violín y una batuta poderosa marcan el IV concierto de la OSY | Ariel Avilés Marín

Una misma obra, ejecutada bajo la dirección de batutas diferentes, nos dejan versiones en las que cada una lleva el sello personal del director; definitivamente, no podemos afirmar que una es mejor que la otra, simplemente tienen diferencias que inciden en lo subjetivo, en el gusto de cada quien, pero cada una tendrá la capacidad de emocionarnos de una manera diferente, cada una tocará una fibra sensible, no la misma, no, pero cada una dejará en el espíritu un goce que no puede compararse con nada más. De la misma forma, un concierto, de cualquier instrumento, podrá ser ejecutado una y mil veces, cada interpretación tendrá diferencias con cada una de las demás, ninguna estará por debajo ni por encima de las otras, simplemente, cada una tendrá lo suyo y llegará al alma del escucha siguiendo la vía que el ejecutante le imprima, eso, y nada más.

El cuarto concierto dominical de la XXVII temporada de la OSY enfrentó a nuestra máxima institución musical con una batuta poderosa que supo imprimir a la interpretación delicadeza, emotividad, una sonoridad fuera de serie, merced las cualidades de mando y conducción y la capacidad de transmisión de Piotr Sulkowski. Por su parte, Sebastián Kwapisz demostró que quien tiene el dominio absoluto de su instrumento puede, materialmente, jugar con él como le dé la gana y lograr obtener tersura, delicadeza, o arrancar avalanchas sonoras que se desparramen por la sala como un torrente incontenible y conmovedor; las cadencias del primer movimiento del concierto interpretado cimbraron el Teatro Peón Contreras, como muy pocos solistas han logrado hacerlo, lo cual justificó la ovación al finalizar este movimiento, rompiendo el protocolo, pero justificado por la emoción transmitida por el concertista.

Abre programa la emotiva Obertura “Leyenda Báltica”, del polaco Félix Nowowiejski, obra con profundo sentido patriótico y nacionalista, de una profundidad lírica apabullante y una emotividad profunda, de esas que agitan el alma. La inicia el corno sonoro y el tutti le responde con fuerza, y se desarrolla alegre tema, con acentos de corno y trompeta y los subrayados del pícolo. La emotividad va subiendo; canta el clarinete con el acento de la tuba y las cuerdas inician apasionado tema; canta el concertino con acentos del arpa; cantan graves y majestuosos los chelos y responden los violines primeros; oboe, flauta y clarinete toman la voz y los cornos marcan cambio de tema que eleva aún más la emotividad, el acento de los platillos pone fuerte acento para desbordar la pasión con los fuertes acordes de los trombones, todo esto con los acentos de bombo y platillos, cantan oboe y fagot y xilófono y arpa juegan con escalas suaves; el concertino aborda sentido tema y el corno marca nuevo cambio que acentúan los chelos con gravedad, cantan las flautas y el arpa de nuevo juega con los violines con sordina; fuerte redoble de tarola y bombo nos anuncia brillante tema que se desata con acentos del pícolo, trombones y tuba; el canto del trombón bajo nos anuncia un sentido tema que atacan las cuerdas y los metales cantan fuerte dialogando entre sí, de unos a otros y las cuerdas ponen gran pasión y responden trompeta y trombón bajo, timbales ponen acento y se desata fuerte tema que de inmediato pasa a otro suave y sentido que va subiendo para una explosión de alegría que marcan los timbales y platillos para sonoro final de la obra. La ovación se deja caer fuerte y sonora.

En seguida viene el Concierto para Violín, de Erich Korngold, compositor judío-austríaco que es una verdadera prueba de técnica y sensibilidad para el concertista que se aventure al interior de su partitura. En algunas obras para violín es necesario un dominio de la digitación; en otras, la sonoridad es la cualidad indispensable para superar la prueba; en otras más, el dominio del arco, y con él el de codo y muñeca, son las cualidades necesarias; pero cuando una obra requiere del dominio en conjunto de todas ellas, entonces estamos ante una verdadera prueba para el ejecutante; tal fue el caso que enfrentó y superó con creces Sebastián Kwapisz, quien no dejó duda sobre el dominio absoluto de su instrumento, no en balde ha sido concertista de las principales orquestas de nuestro país y es concertino de la OFUNAM y lo vemos domingo a domingo en los conciertos de la Sala Nezahualcoyotl, del Centro Cultural Universitario. El primer movimiento, Moderato nobile, lo inicia el concertista con suavidad y delicadeza extremas acompañado de las cuerdas, la flauta y el corno, apasionado tema que lleva las delicadísimas notas del solista hasta agudos tremendos y dulces y entran las cuerdas con pasión y el solista aborda pasajes virtuosos con la flauta, a escalas suben y suben y da una larga nota que requiere de un absoluto dominio de la arcada; retoma el dulce tema y canta muy sentido con acentos del arpa y se enfrasca en nueva y larga nota que parece interminable; el corno pone un acento y el solista se adentra en un verdadero florilegio que requiere de absoluto dominio de la digitación y las arcadas, en seguida aborda pasaje en stcatto con disonancias difíciles que hacen una cadencia virtuosa con ligero acento de las cuerdas; llega el solista a notas elevadísimas y entra el tutti con pasión y el solista canta apasionado también con delicadísimas notas que denotan maestría absoluta y la pasión sigue desbordándose y los chelos ponen grave acento para que el solista haga un juego en dobles cuerdas y retoma apasionado canto; hay una fuerte explosión brillante que nos lleva al apasionado final del movimiento. El segundo movimiento, Romance: Andante, lo inician suavemente las cuerdas con acento del xilófono y entra el solista con delicadeza y canta apasionado y agudo, lento y suave, con acento del corno inglés y sigue cantando con pasión marcada y da una nota de dulzura sobresaliente y le siguen dulces y apasionados acordes y canta con las cuerdas y aborda nuevas y delicadas notas que acompañan los fagotes, cantan las cuerdas con las maderas y el solista aborda nuevas notas agudas y suaves que las cuerdas acompañan con pasión, el solista retoma el apasionado tema y da largas notas suaves y agudas con el soberbio canto de los chelos que llega lleno de pasión; cantan las cuerdas y el solista responde con gravedad y dulzura para llevarnos a suave pasaje que marca el delicado final del movimiento. El tercer movimiento, Finale: Allegro asai vivace, lo inician las percusiones marcando la entrada del solista que arranca con rápidas escalas que se repiten y se marcan notas con los dedos en las cuerdas y aborda pasaje en stacatto para pasar a nuevos cambios rápidos que pasan de una cuerda a otra con gran agilidad e inicia apasionado y alegre canto que se vuelve agudo y dulce, suena el fagot y entran las cuerdas y el solista da rápidas y breves arcadas, canta el chelo y el solista responde con rápidas notas y se desata alegre tiempo de danza en pizzicato y entra el tutti con alegría y el solista retoma notas breves y rápidas y canta con alegría y pasión, canta el fagot y de nuevo las cuerdas y el chelo y estalla la alegría en voz de los cornos y la música se torna majestuosa y entra solista con gran delicadeza y aborda agudos increíbles y trinos elevadísimos, las cuerdas abordan breve y sentido pasaje que el solista domina con maestría, el tutti canta con alegría y el solista aborda notas que cambian de graves a agudas y baja y sube con agilidad; el corno da una alta nota y el solista ejecuta escalas maravillosas que nos llevan al brillante final del movimiento y la obra. Estalla tremenda ovación y concertista y director tienen que salir a recibir los aplausos que el público brinda de pie masivamente.

Después del intermedio reanuda el programa con una de las más conocidas y gustadas sinfonías de Beethoven y de todo el repertorio sinfónico universal, la Quinta; ya el año pasado se la escuchamos a nuestra orquesta, pero como cada interpretación es única e irrepetible, hay que oírla y disfrutarla como si fuera la primera vez, además, como será dirigida por un director huésped, eso le da otro elemento diferenciador a la interpretación; y así fue, la poderosa batuta de Sulkowski arranco sonoridades extraordinarias al grupo. El primer movimiento, Allegro con brío, es un verdadero juego sonoro construido sobre ocho notas significativas, persistentes, sonoras, expresivas; se ha dicho que Beethoven quiso, con estas ocho notas, representar la llamada del destino a su vida; lo inicia el tutti con las notas consabidas y el sonoro motivo transita y se repiten, se desarrollan en temas y reaparecen con fuerza; el corno marca un cambio y se desarrolla apasionado tema que vuelve a las ocho notas que se repiten en las formas y combinaciones armónicas más increíbles que transitan por todas las secciones de la orquesta variando su tonalidad, corno marca nuevo cambio y responden fagot y flauta con alegría y entra el tutti jugando con las ocho notas y el corno las da de nuevo y cuerdas y maderas dialogan con fondo que pone el fagot y las notas se van elevando en diferentes tonalidades para repetirse con nuevas variantes que van de flautas a cuerdas y los chelos las reafirman y también el tutti; una nota del oboe da nueva entrada a las persistentes notas que van y vienen y las canta el fagot y vuelven al tutti y se repiten subiendo para que las marque el cono de nuevo y las repita el tutti y se desarrolla una sonora escala en la que dialogan cuerdas y alientos para que las cuerdas repitan las notas para llevarnos a fuerte final del movimiento. El segundo movimiento, Andante con motto, es una verdadera marcha triunfal, la inician los chelos a tiempo de marcha solemne, y entran las cuerdas todas y suenan la flauta y el oboe y dialogan y las cuerdas repiten el tema y la flauta lo reafirma, cantan las flautas y el clarinete el tema de la marcha y las trompetas lo repiten y lo canta suavemente el fagot; de nuevo los chelos cantan la marcha solemne y flauta y oboe dialogan y las cuerdas reabordan el tema, el clarinete canta el tema con los chelos en pizzicato y la fuerza va subiendo, lo canta la trompeta y las cuerdas acompañan en stacatto con larga nota del fagot; cantan los chelos con los violines en pizzicato y la flauta al fondo, cantan los violines el tema y entra el tutti con fuerza en stacatto, lo canta ahora el clarinete y responde el fagot y luego la flauta y el oboe y juegan con el tema para que corno marque el cambio y la marcha, solemne y majestuosa, es retomada por el tutti, se dialoga el tema entre violines y chelos, oboe y flauta responden para abordar la marcha, lenta y fuerte nota del oboe marca cambio y con dulzura se retoma el tema de marcha, lo canta el fagot y las cuerdas lo retoman y los oboes y la flauta dan largas notas con pasión que va subiendo, el clarinete da fuerte nota para pasar a dulce pasaje que va subiendo en emotividad y nos lleva al final del movimiento. El tercer y cuarto movimientos, están prácticamente enlazados, una sola nota fuerte marca la transición de uno a otro y este cambio es sólo perceptible a quien conoce bien la obra; el tercero, Allegro, lo inician los chelos y lo abordan las cuerdas y después entran las maderas, canta el corno y responden las cuerdas, los chelos retoman el inicio y las cuerdas reabordan el tema y lo desarrollan con pasión, los chelos vuelven al tema inicial pero ahora con acento de la flauta, las cuerdas cantan con alegría un fuerte pasaje muy rítmico en el que destaca el canto de los chelos que repiten los violines y el pasaje se repite y pasa de los chelos por ls otros instrumentos de cuerda hasta los violines primeros, y de nuevo los chelos y el pasaje se extiende al tutti; los chelos marcan nuevo cambio y los siguen las violas y luego flauta y oboe, las cuerdas hacen pasaje en pizzicato que marca nuevo cambio; la flauta toca un tema con suavidad acompañada de los violines en pizzicato; canta el oboe y los timbales anuncian un cambio que va subiendo lentamente para caer en una explosión que marca el enlace con el cuarto movimiento, Allegro, que lo inicia el tutti con fuerza y alegría y entran las flautas y responde el corno y se eleva la alegría que va subiendo para pasar a un melódico pasaje que transita de ida y vuelta con fondo del fagot; dialogan las cuerdas y entra fuerte el tutti con sonoro acento del pícolo y la fuerza va subiendo con apoyo de los metales y el redoble de los timbales; entran las cuerdas con el clarinete con suavidad y canta el oboe con el clarinete y explota el tutti con fuerza para abordar alegre y rítmico tema en ricas escalas, y suena el corno y responden las cuerdas y la alegría va subiendo para retomar el tema y desbordarlo con alegría, las maderas cantan y entran los cornos y la alegría va creciendo aún más con fuerza; el redoble de timbales anuncia de nuevo el tema que canta la trompeta, canta el fagot con el corno y la flauta y entra el tutti con fuertes acentos del pícolo para abordar fuerte pasaje que sube y sube para llevarnos a apoteósico final del movimiento y la obra. Estalla tremenda ovación y el público se pone de pie como un solo hombre para vitorear a la orquesta y al director, largamente se prolonga el aplauso que reciben las secciones y el director tiene que salir varias veces a agradecer la ovación.
Otro domingo en que salimos con el alma pletórica de música de calidad, de apreciar el dominio de un concertista sobre su instrumento y de sentir el poder fuerte de una batuta.

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