Constitución deformada | Ricardo Monreal Ávila

El primer centenario de nuestra Constitución política pasó con más pena que gloria. De hecho casi no hay nada que celebrar: ninguneada por los gobernantes, desconocida por la mayoría de los ciudadanos y en medio de la crisis del Estado de Derecho más importante del último siglo, a causa de la corrupción, la impunidad y la violencia.

En un siglo de vigencia, sólo 22 de 136 artículos de la Constitución de 1917 no han sido reformados.

De acuerdo a un reportaje de Ernesto Núñez (Reforma, Revista R, 5 de febrero de 2017), los 19 presidentes que han gobernado México, desde Alvaro Obregón hasta Enrique Peña Nieto, han publicado 229 decretos de reforma constitucional, en los que se registran 699 cambios.

Esta es la numeralia: Los presidentes Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez (1928-1934) promovieron el 4% de las 699 reformas registradas en 100 años; Lázaro Cárdenas 2.1%; Manuel Avila Camacho 2.6%; Miguel Alemán 2.9%; Adolfo Ruiz Cortines 0.3% (él afirmaba que una Constitución necesita cumplirse antes que reformarse y que mientras más reformas tiene una Constitución menos se cumple por los ciudadanos); Adolfo López Mateos 1.6%; Gustavo Díaz Ordaz 2.8%; Luis Echeverría 5.7%; Miguel de la Madrid 9.4%; Carlos Salinas de Gortari 7.9%; Ernesto Zedillo 11%; Vicente Fox 4.4%; Felipe Calderón 15.7%; y Enrique Peña Nieto 17%.
El texto original de la Constitución de 1917 tenía 21 mil palabras; hoy, tiene 65 mil 447.

“Todos los presidentes que han gobernado desde entonces le han hecho cambios, pero fue a partir de 1982, con la llegada de Miguel de la Madrid, cuando se aceleró el proceso de reformas.

“Según el estudio Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, texto reordenado y consolidado, coordinado por Fix-Fierro y Valadés (UNAM, segunda edición, 2017), en 1982 comienza el proceso de reformas continuado hasta nuestros días.
Entre 1921 y 1982, con 13 presidentes se hicieron 213 cambios; a partir de De la Madrid, en seis sexenios se hicieron 486 modificaciones.

Y son Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto quienes concentran el mayor número de reformas (257 en sólo 14 años).
Si Felipe Calderón dejó la Constitución en 54 mil 815 palabras -más del doble de la extensión original-, Peña Nieto -al calor del Pacto por México- le ha añadido 10 mil 632 palabras más (Ibídem.)

Estos cambios continuos han provocado un distanciamiento de los ciudadanos respecto a la Constitución. De acuerdo a la Tercera Encuesta Nacional de Cultura Constitucional realizada por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, persiste la ignorancia, el desconocimiento y el escepticismo entre los ciudadanos respecto a la Carta Magna.

“Hay un bajo conocimiento sobre la Constitución: la mayoría (56.1 por ciento) considera que conoce poco de ella. En tanto, 52.7 por ciento desconoce el año en que se aprobó y tampoco la relaciona con la Revolución Mexicana: tres de cada 10 piensan que la Carta Magna actual nació a partir de la Independencia de México”, señaló la UNAM en un comunicado.

Según el estudio, el 84% de los encuestados consideró que la Constitución se cumple poco o nada, y un 52.7% dijo desconocer el año en que se aprobó.

“El 46.6 por ciento dice que los miembros de una comunidad tienen el derecho de tomar justicia por mano propia; y 27.3 por ciento está de acuerdo con que un funcionario público puede aprovecharse de su puesto si hace cosas buenas”.

Uno de cada cuatro mexicanos piensa que “violar la ley no es tan malo”, sino “que te cachen”, y un 56.1% dice conocer poco sobre la Constitución mexicana, concluye el comunicado de la UNAM del pasado 4 de febrero.

A cien años de su existencia, y dado el número de reformas que la han modificado desde sus orígenes, es pertinente formular la siguiente pregunta: ¿es necesaria una nueva Carta Magna o sólo se requiere hacer cumplir la que ya tenemos?

La respuesta se encuentra en qué entendemos por Constitución.

Hay dos posturas básicas. La garantista y la instrumentalista.

La postura garantista considera que el objetivo de una Constitución es salvaguardar y fortalecer los derechos fundamentales de las personas y de las comunidades frente al poder público y el Estado. En ese sentido, una Constitución es también un proyecto de Nación al que aspira la mayoría de una sociedad.

La postura instrumentalista o reduccionista considera a la Constitución como un conjunto de normas y disposiciones positivas a las que deben someterse las personas y las comunidades, privilegiando su aplicación estricta sobre su adecuación temporal.

Nuestro Macondo constitucional es profundamente instrumentalista porque cada grupo que llega al poder busca hacer de las reformas constitucionales la vía para imponerse al resto de los actores políticos y a la ciudadanía misma.
Esto provoca que la sociedad y los ciudadanos vean con reservas y recelos las constantes reformas constitucionales, porque no se sienten representados en ellas y porque los supuestos beneficios nunca llegan o irrumpen en forma de perjuicios económicos y sociales, como aconteció recientemente con las reformas fiscal, educativa y energética.

A cien años de su promulgación, creo que el país necesita una nueva Constitución. Una Carta Magna garantista diseñada para los próximos cien años, de tal forma que las enmiendas y adiciones en el próximo siglo sean las mínimamente necesarias, con un articulado básico que lo mismo lo entienda una niña (o) de primaria que un adulto mayor, el mexicano de la frontera que la indígena del Sureste, el empresario más acaudalado y el trabajador informal.

¿Qué debe hacerse para que una nueva Constitución no termine siendo un instrumento de dominación del grupo en el poder? La respuesta es una: ciudadanizar el poder público. ¿Cómo? Mediante los mecanismos de la democracia participativa directa (referéndum, plebiscito, iniciativa popular, consulta ciudadana y revocación de mandato) se puede expropiar a políticos y partidos el monopolio de la representación ciudadana legítima que actualmente ostentan. O al menos, hacerle un contrapeso a la partidocracia. En suma, una Constitución que nos haga transitar de la simulación constitucional actual a la democracia del siglo XXI.

FUENTE: DIARIO POR ESTO!

ENLACE: http://bit.ly/2k73JPq

 

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