Las disensiones entre los grupos terroristas en Siria | Pedro García Hernández

La firmeza del Gobierno de Bashar al Assad por defender la soberanía siria ante una guerra impuesta sin precedentes en el Medio Oriente, obliga por fuerza de esa y otras circunstancias a un reajuste de los grupos terroristas.

De casi un centenar de agrupaciones extremistas armadas, el poder real de acción en el terreno y vínculos con los patrocinadores exteriores está integrándose en un denominado Hay’at Tahrir al-Sham, Asamblea para la Liberación del Levante.

En esa llamada Asamblea están reunidos Jabhat Fath al-Sham, antiguo al-Nusra, Harakat Nur Al-Din Al-Zenki (grupo patrocinado por Turquía), Liwa Al-Haqq, Ansar Al-Din y Yesh Al-Sunnah, todos con tendencia extremista y con estrecha ‘asesoría’ operativa de los servicios de inteligencia de las grandes potencias occidentales y en particular de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, CIA, y la inteligencia turca.

A estos se suman, de acuerdo con análisis al respecto publicados en la Red Voltaire, varios jefes provenientes del grupo Ahrar al-Sham, Movimiento Islámico de los Hombres Libres del Levante, al que se incorporó recientemente el denominado grupo Ejército del Islam, cuyo principal cabecilla, Mohamed Alloush, estuvo presente en las recientes negociaciones sobre Siria en Astaná, capital de Kazajistán.

Menos Alloush y algún que otro no identificado públicamente, están como miembros de la Asamblea, el jeque saudita Abdullah al-Muhaysini, quien preside el Tribunal de la Sharia del antiguo Al Nusra y asesoraba a los grupos moderados que ocupaban los barrios orientales de la ciudad de Alepo.

También está Abu Yusuf Muhajir, ex vocero militar de Ahrar al-Sham; y Abu Saleh Tahan, ex número dos de esa organización, todos al parecer en desacuerdo con Alloush, quien con pretensiones hegemónicas, se negó a firmar la Declaración final en Astaná, criticó la presencia de Irán en las conversaciones y reiteró sus peticiones para la renuncia del presidente al Assad.

Todos los análisis sobre la situación indican que Ahrar al Sham pretende distanciarse de las posiciones cada vez más hegemónicas dentro de los grupos extremistas del otrora Al Nusra, cuyas conexiones con el régimen sionista de Israel en cuanto a apoyo logístico, de entrenamiento y suministros han sido claramente demostradas.

Esto último, según todos los datos compilados, parece ser una forma de ‘presión’ a Estados Unidos, cuyo gobierno dio muy poco destaque a la reunión de Astaná y mantiene, como siempre, una posición ambigua y sin definiciones pero que en la realidad, es básicamente contrario a los sensatos criterios de Siria, Rusia e Irán, fundamentalmente.

Una demostración al respecto es la reciente entrega de armas de alto nivel tecnológico a los llamados grupos ‘moderados’ y en el que Washington incluye a Ahrar al Sham a través de vías de comunicación facilitadas sobre todo, por Turquía.

Los cerca de 900 kilómetros de frontera sirio-turca, volátiles en su control real, son la vía de entrada y salida ilegal de abastecimiento de armas y hombres hacia las provincia sirias de Idleb, Alepo, Hasaka y Deir Ezzor, de acuerdo con sostenidas denuncias de Damasco, Moscú y Teherán.

En el norte de esas regiones hay una enrevesada mezcla de combatientes que incluyen fuerzas kurdas, de la llamada oposición siria y del Estado Islámico, Daesh, y unidades del Ejército turco en zonas de las de Idleb, Alepo y Hasaka, sobre todo.

Las disensiones en el amplio espectro de los grupos extremistas armados alcanzan actualmente una clara definición en el terreno de combate sobre la base de ejecuciones sumarias, intensos choques armados entre sí y una pugna por el ‘liderazgo’ basados en quien está en condiciones de recibir mayor apoyo financiero por encima de cualquier tendencia religiosa.

Ahrar al Sham, en un tiempo realizó operaciones conjuntas con el ex Al Nusra y el denominado Ejército Libre sirio pero con el tiempo ganó posiciones de poder e independizó sus acciones con conflictos y enfrentamientos definidos a tiros.

Sus ‘principios’, como la mayoría de las organizaciones terroristas, cambian de un tiempo a otro y ahora afirman que ‘no están por una yihad fuera de Siria’, sino solamente en el territorio nacional y la que se plantean como objetivo derrocar al Gobierno de al Assad sin un definido programa para constituir un Estado.

Pero esas posiciones, destinadas a ‘mejorar una imagen puramente terrorista- algo estimulado desde los centros de poder en Estados Unidos y Europa Occidental- son, en realidad, la manifiesta incapacidad de cambiar por si mismos las ‘reglas del juego’ de una guerra impuesta a Siria.

FUENTE: PRENSA LATINA

 

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