Trump, violador del derecho internacional | Víctor Flores Olea

Inicio este artículo precisando algunos conceptos que se han repetido a lo largo de esta penosa, a veces grotesca discusión, a propósito del desbocado violador del derecho internacional Donald Trump, Presidente de los Estados Unidos de América.

En estos días, con frecuencia hemos escuchado, inclusive por parte de Luis Videgaray, Secretario de Relaciones Internacionales de México, decir que el gobierno de Estados Unidos, en ejercicio de su soberanía, puede realizar los actos que le plazcan dentro de su territorio, y que sobre eso no tendríamos nada que decir, pues tiene el pleno derecho soberano de hacerlo. ¡Pues no, no es así, como debieran saberlo bien todos los internacionalistas! El derecho de soberanía de los Estados no significa que pueden realizar cualquier acto que les plazca, como construir un muro a manera de frontera con México. (Tal vez el antecedente más notable: el muro de Berlín, que fue repudiado universalmente, inclusive por las instancias de juicio internacionales).

Como saben bien los internacionalistas, el creador del concepto de soberanía del Estado fue Jean Bodin (o Bodino), quien estableció con perfecta claridad que la soberanía significaba que, frente al soberano, no hay un poder jurídico más elevado o más alto al que esté sujeto, sin que lo anterior signifique que la “soberanía” no esté sometida a regla alguna (que sea legibus solutus, sin sujeción a ninguna norma ética o de derecho), sino precisamente que la soberanía, inclusive por tratarse del poder más alto o elevado en un territorio, está sometido también a normas y al derecho. ¿A cuales normas y a qué derecho?, se preguntaba Bodino y respondía, precisamente a las normas del derecho de gentes, como antes se decía, o como ahora se dice al derecho internacional.

Tal cosa significa que de ninguna manera el status de soberanía o de soberano, en el caso de los Estados, quiera decir plena “libertad para actuar como les plazca”, ya que esto haría imposible precisamente la convivencia entre las naciones, la existencia de una verdadera comunidad de naciones y su vida de relación pacífica. Es decir, la existencia de una comunidad de naciones, que implica por necesidad la convivencia pacífica entre ellas, por principio elemental supone que los Estados soberanos o las naciones están regidas en su conducta por normas éticas y jurídicas, ya que de otra manera nos encontraríamos con que cada nación sería algo así como “el lobo del hombre”, llegando eventualmente a un mundo de continua confrontación entre las naciones e inclusive a un estado de guerra permanente.

Esto es precisamente lo que los internacionalistas, desde hace más de cinco siglos, han procurado evitar, y es por eso que han recurrido a las únicas herramientas que tiene el hombre para lograrlo, que es “la ley de Dios y de la naturaleza” (lo que se ha llamado el derecho natural), y desde luego, invocando a la razón universal de los hombres que debiera en todo momento reconocer los grandes principios éticos y jurídicos en que está fundada la convivencia pacífica entre hombres y naciones, y la vida misma de la especie.

Para los clásicos de todos los tiempos no hay verdadera convivencia humana sin los principios morales y de derecho que la rigen. Por tal razón y razones en el tema que nos ocupa hay un verdadero “levantamiento” o “rebelión” en los mismos Estados Unidos y en prácticamente todos los países, protestando enérgicamente por la presencia de un bárbaro del calibre de Trump en la Casa Blanca. Los conceptos anteriores sobre la soberanía de los Estados, bien enseñados por mis maestros de la Facultad de Derecho Manuel Pedrozo y Mario de la Cueva, son plenamente aplicables a la situación de crisis que vive México en nuestras relaciones con Estados Unidos. En las palabras y descripciones del mundo en el siglo XVI, entre otros de Jean Bodin, su parte que aspiraba a la cultura y a la civilización veía en los bárbaros una amenaza real en contra de la humanidad, poniendo en riesgo incluso su sobrevivencia. Y, claro, ahora no resulta exagerado poner en esa situación a un bárbaro moderno como Donald Trump.

Pero el conjunto anterior nos lleva directamente a una cuestión: la posibilidad, inclusive a la necesidad, de que el gobierno mexicano (¿o puede ser un sector de la sociedad?), presente la cuestión ante un organismo internacional que considere y tome decisiones, o al menos que formule opiniones que, con toda seguridad, serían contrarias a las pretensiones actuales de Donald Trump o del gobierno de Estados Unidos de crear un muro divisorio entre los dos países, que es un atentado al derecho internacional e inclusive a los derechos humanos de los ciudadanos de ambos países. Andrés Manuel Lopez Obrador tuvo ya la intuición de que México presente la reclamación ante la ONU.

Pero me pregunto, ¿tal es la instancia más adecuada? ¿O habría que considerar al Tribunal Internacional de la Haya? ¿Hay otras instancias pertinentes de reclamación sobre este asunto en el ámbito latinoamericano? ¿Pudiera presentarse simultáneamente en varias instancias? Dejo sin pronunciarme sobre el particular y aconsejaría a los interesados (evidentemente al gobierno mexicano), y particularmente a la Secretaría de Relaciones Exteriores, estudiar con todo cuidado el mejor procedimiento a seguir para que llegue a reconocerse jurídicamente el atropello al derecho internacional que comete el Presidente de Estados Unidos al pretender construir un muro como el proyectado.

Sería muy pertinente, en todo caso, que se hiciera una consulta especial sobre el caso, por el gobierno pero también por los partidos políticos interesados, precisamente a Bernardo Sepúlveda que, como juez que fue recientemente del Tribunal Internacional de la Haya, es seguramente el mexicano mejor situado en este tiempo para emitir una opinión válida que en todo caso debiera atenderse o discutirse, si es el caso, con la mayor de las atenciones.

O, tal vez, lo más aconsejable sea recurrir directamente a Naciones Unidas y denunciar ante el Consejo de Seguridad al país del norte por las amenazas y agresiones que Donald Trump ha ejercido en contra de nuestro país, como lo sugiere ya el licenciado Porfirio Muñoz Ledo, muy conocido político y diplomático.

FUENTE: LA JORNADA

ENLACE: http://bit.ly/2jxnM4n

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