Ivonne Ortega, un símbolo de la incongruencia | Guillermo Vázquez Handall

El anuncio que la diputada federal, ahora con licencia y ex gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega Pacheco, realizó para oficializar su aspiración a la candidatura presidencial del PRI conlleva por supuesto el análisis de sus motivaciones.

Ivonne Ortega se separó de su encargo legislativo, para no ser señalada por el uso de recursos públicos en los actos proselitistas que emprenderá a partir de ahora.

Esto no infiere que por ello pueda violar otras leyes respecto de la normativa electoral, en tiempos que no son todavía de campaña, sin embargo a la otrora mandataria yucateca, eso es algo que nunca le ha importado.

Dejar la diputación federal es un acto que se resume en dos argumentos: el primero, que se relaciona con una aparente actitud responsable como elemento publicitario; el segundo, es tan simple y sencillo como el hecho de que sus obligaciones legislativas le quitarían tiempo para sus nuevas actividades, a las cuales se dedicará de tiempo completo y sin distracciones.

En ambos casos, lo que se observa es una estrategia diseñada con antelación para ser acorde con su discurso, en el que critica abiertamente las decisiones que el gobierno del partido al que pertenece ha tomado recientemente y que antes defendía con ferocidad.

Los asesores de Ortega Pacheco le han hecho ver que lo que hoy es políticamente rentable, es presentar una imagen de desacuerdo con las políticas oficiales.

Más allá de un tema de lealtad, para ella lo es de practicidad, es decir, que como lo que hoy está de moda es ir en contra de la administración del Presidente Peña Nieto, se decanta por sumarse al linchamiento.

Partiendo de la base que -con excepción de su entidad natal-, Ivonne Ortega nacionalmente es una perfecta desconocida, más allá de los círculos rojos priistas estatales, pretenderá recorrer el país con un mensaje agudo y crítico.

Su posicionamiento actual real en las encuestas, tanto para una contienda interna como para medirse con los aspirantes de otros partidos, resulta insuficiente para sostener algún tipo de posibilidad.

Eso sin dejar de lado que en el PRI, y ella lo sabe y comprende a la perfección, la designación del candidato presidencial es una facultad exclusiva del presidente de la república.

En el proceso de selección y postulación no existe el margen para que nadie que no cuente con autorización expresa pueda participar, no se trata de una competencia, mucho menos de un enfrentamiento.

Esta situación desnuda por si sola los impulsos y las razones de Ivonne Ortega, que en términos reales no están dirigidos a la obtención final de la candidatura presidencial sino que, como la gran mayoría de los priistas sabe que no van a conservar el poder federal, las únicas posiciones a las que pueden acceder son las diputaciones y senadurías.

Como parte de este análisis y en consideración de su alejamiento personal con el presidente Peña Nieto, con quien antes sostenía una amistad fraterna, que se resquebrajó por culpa de ella misma, ha optado por montar un escenario de presión para poder acceder a la lista plurinominal priista al Senado en una posición que le garantice llegar a la curul.

Hoy no habría razón alguna para ser considerada en esa exclusiva alineación y sólo ahí podrá mantener una situación de privilegio, mediante la cual pueda seguir dando rienda suelta a su protagonismo. Es decir, más que una ambición, sin negar que la tiene, se trata de un acto de sobrevivencia.

El asunto es que con su estrategia está quebrantando todos y cada uno de los principios mediante los cuales está conformada la legendaria institucionalidad priista.

El evidente acto de rebeldía no sólo pone en entredicho el logro de cualquier postulación al cargo que sea, adicionalmente abre la posibilidad de que sea el propio régimen quien se encargue de dar a conocer situaciones personales, de su más celosa intimidad.

Ivonne Ortega parece olvidar que en el PRI, como lo apuntó Tzun Tzu en el Arte de la Guerra, existe «un código de premios y castigos, para que todos los soldados del ejército sepan a qué atenerse».

El saldo del gobierno de Ivonne Ortega en Yucatán no es precisamente un argumento de presunción, ni en lo administrativo ni en lo personal, sus errores y excesos compendian una larga lista de situaciones que representan un esquema para evidenciarla.

El asunto es que la gran mayoría de ellos no han tenido publicidad más allá de las fronteras de Yucatán, lo cual no es un impedimento para que sean dados a conocer y con ello eliminar de tajo y contundentemente sus aspiraciones.

Ortega Pacheco pretende establecerse como una voz crítica de un sistema en el cual, en su oportunidad usó y abusó de las prerrogativas que éste le brindó sin ningún recato.

El problema más allá de la inviabilidad del método que oportunistamente quiere utilizar, es que en esencia su historia es totalmente incompatible con su propuesta.

FUENTE: RUIZ-HEALY TIMES

ENLACE: http://bit.ly/2jSgPN3

 

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