Yo quiero un cuento de duendes | Brenda Alcocer

 

¡Yo quiero un cuento de duendes! –gritó Andrés cuando Leandro dijo y colorín colorado- ¡de duendes!- volvió a gritar.

No se ninguno de duendes, ya vamos a dormir, mañana seguimos contando cuentos.

De duendes –mmm- los duendes son terribles, es mejor no mencionarlos.

Los niños se fueron a dormir. Dispuesto a darse un baño antes de ir a su hamaca, fue al pozo a jalar agua para llenar la palangana, el cubo que bajaba era pequeño, había que arriarlo varias veces, así tener agua suficiente, la segunda vez que sacó el cubo en lugar de líquido traía un hombrecito que brincó enfurecido al brocal.

-Te oí Leandro, te oí. ¡Así que los duendes somos terribles!, ¡he?, ¿ya no te acuerdas!, como todos los humanos, cuando crecen ya no se acuerdan de nada-.

-¿De que me tengo que acordar? -¡de mí, de Chacchel! –Chacchel, el pequeño Chacchel solo ha existido en mis sueños.

-Ven acércate – dijo el hombrecito. -¡Tú no eres un duende, eres un alux –le respondió.  -Duende, gnomo, pitufo, hobbit, alux, es lo mismo: todos somos espíritus naturales que buscamos divertirnos a costa de ustedes los humanos pero también los cuidamos y protegemos cuando es necesario- replicó, al tiempo que absorbía agua que luego le escupió en el rostro. -¡eres un grosero!-

Asómate al espejo del agua, dime ¿Qué ves?- los ojos volvieron a brillar con la luz de los asombros de la infancia; Leandro se olvidó de Andrés, del baño, de la noche. Volvió a tener ocho años.

Al quedar frente al alux dijo: -¿Vamos a la cueva o bajamos por la soga hasta el pozo? Itzel me está enseñando a desaparecer los caminos –Chacchel se dio un manotazo en la frente-Itzel no le debe enseñar a los humanos las habilidades de los Aluxes, lo bueno es que cuando crecen se olvidan de todo, hasta dudan de nuestra existencia o creen que lo soñaron.

(Itzel es una alux juguetona y traviesa pero no le gusta que los niños mientan o engañen a sus mayores, cuando se enteró de que un niño en lugar de ir a la escuela montó su bicicleta para ir a nadar al cenote, le desapareció el camino tres veces, como el niño insistió tratando de llegar al cenote, ella llamó a sus compañeros y lo alzaron con todo y bicicleta llevándolo hasta la puerta de su casa, allí lo dejaron.)

Por la soga se llega mas rápido a la gruta –dijo el enano- Leandro recordó la vez que los aluxes lo encerraron tres días en la gruta junto con Juan y Poncho, se detuvo y exclamó solo un rato, solo jugaremos un rato no quiero que noten mi ausencia, la última vez que  fuimos a la gruta nos castigaron. No nos eches la culpa, ustedes quisieron quedarse. Leandro evocó esos días; se miró bajando por las paredes del pozo para atrapar al rayo de luna que se deslizaba hasta el agua, él y sus amigos caían al fresco líquido una y otra vez, insaciables de aventuras. Aprendieron a moldear el barro, con sus manos fabricaron animales, juguetes, vasos, platos, personitas; jugaron a las escondidas en el laberinto de la gruta alumbrada por las luciérnagas, (el sistema de iluminación que usan los aluxes consiste en nidos de luciérnagas en todos los túneles y canales, para que no se muevan de los lugares donde están situados, ellos les llevan su alimento: caracoles de tierra y babosas; las hembras casi no cambian de zona, para buscar pareja producen una luz azulosa muy intensa que es suficiente para ver bien dentro de las grutas). Intentaron desaparecer caminos, apedrearon viajeros impidiendo que se adentraran en la noche y fueran devorados por pumas y jaguares.

Un rumor extraño lo sacó de sus recuerdos, desde muy lejos llegaban voces, gritos, por fin pudo distinguir con claridad: -¡Júntense!, ¡júntense!, ¡júntense!

Rápido por la cuerda, bajemos de prisa –gritó Chacchel, Leandro obedeció, tras de él bajo el hombrecito –emergencia, debe ser una emergencia – decía Chacchel mientras lo arrastraba de la mano hasta el grupo que se congregaba alrededor del agua.

¿Qué pasa?- Dijeron los dos en un solo grito –hay que actuar rápido, rápido, a prisa, a prisa, fue la respuesta que obtuvieron. Tikín uno de los aluxes mayores brincó hasta una roca que sobresalía y gritó para acallar el barullo –SHOOO, SHOOO, -el silencio reinó enseguida, un aluxito con voz temblorosa se atrevió a hablar- un camión lleno de niños fue secuestrado, cuando salí a comer, en el pozo de Tahdzibichén había un camión a la orilla del camino, estaban encerrados muchos niños, tres maestras y unos hombres que gritaban, me acerqué y escuché que los señores decían: – ¡SILENCIO! ¡Si no se callan nos echamos a estas viejas!; vamos a llevarlos a Cancún allí les está esperando un avión para llevarlos a Singapur donde conocerán a sus nuevos papás.

-¡Se los quieren robar! ¡No lo podemos permitir, tenemos que rescatarlos!

-¡Sí al rescate! ¡Al rescate! -Comenzaron a gritar haciendo un gran escándalo.

Tikín, haciendo bocina con las manos para que su voz se eleve sobre el caos dijo muy alto, casi gritando –los aluxes mayores, cinco de los aluxes mayores, ¡acérquense!, ¡tenemos que hacer un plan!, pronto llegaron hasta él los otros aluxes, formaremos seis brigadas para recorrer los caminos, cada uno encabezará un contingente de cuando menos treinta aluxes, cuatro se moverán bajo la tierra, en las venas de agua que alimentan los pozos, los cenotes y en las grutas, dos se moverán en la superficie valiéndose de los árboles para agilizar su carrera o si es necesario utilicen el aire para desplazarse ¿entendieron?

Chacchel, Tikín, Itzel e Ixcanik decidieron ir por las entrañas de la tierra, a Balak y Alihú les encomendaron investigar por la superficie.

Organizados de esa manera se formaron los seis grupos; Leandro no sabía qué hacer – ¿y nosotros los niños que hacemos? -preguntó a Chacchel –a ustedes, desde que bajan a nuestros territorios, invitados por cualquiera alux, se les confieren los mismos atributos, así que tú estas en mi grupo y muévete rápido, saca las canoas una pértiga para cada una y dos de los remos con punta de hule para impulsarnos empujando en las paredes.

Desde lejos escucharon la voz de Tikín -recuerden, el camión es verde con franja amarilla y dice transporte escolar con letras grandes, lleva como banderola el escudo del “Instituto México” agitándose en el aire.

Leandro se fue acostumbrando a la canoa y muy hábilmente la fue llevando por entre los pozos y cenotes, los de arriba decidieron seguir el camino de la carretera libre a Cancún: los secuestradores no se atreverían a detenerse en las garitas donde hay Policías. Por fin, después de una persecución intensa, habiendo pasado por Xocchel, Kantunil, Chichén Itzá, Kaua, Cuncunul, Valladolid y tantos otros poblados, los aluxes que iban por los aires anunciaron que los habían divisado cerca de un cenote de Chemax. Chacchel ordenó a su grupo que se dirigieran hacia allí, los demás contingentes tomaron la misma determinación, el desbarajuste no se hizo esperar. Era tal el movimiento bajo la tierra, que la gente creyó que se anunciaba un temblor, pero todos decían que eso no podía suceder en Yucatán, aquí nunca ha habido un movimiento telúrico.

Leandro le pidió a Chacchel que mejor fueran por aire, con las ráfagas de viento llegarían más pronto. Apenas salieron divisaron el camión que venía de frente, aprovechando la distancia que le faltaba al vehículo recorrer para llegar donde ellos estaban se proveyeron de huayas, pixoyes, ciricotes cocoyoles y por supuesto, piedras, para atacar por sorpresa, en ese momento los aluxes se hicieron invisibles, el camionero y sus secuaces no sabían de donde les llovían tantos proyectiles y como los aluxes tienen muy buen tino: un pixoy con todo y espinas se le incrustó en un ojo al que guiaba el camión; una certera piedra le abrió la cabeza al hombre que tenía la pistola; el tercer hombre intentó tomar el volante, pero en ese momento una de las maestras le pegó con el termo y cayó desmayado a sus pies. Cuando los tres malvados estuvieron fuera de combate los aluxes se subieron al vehículo e inmovilizaron a los tipos, las educadoras contentas, incrédulas y emocionadas agradecieron a los hombrecitos; los niños asombrados solo repetían son buenos, los aluxes son buenos, nos salvaron, creí que no volvería a ver a mis papás, lloraba una niña, yo pensé que nos volcaríamos comentó otro; la mayoría, asustados, lloraban en silencio.

Tikín ordenó silencio, enseguida con voz muy clara determinó -Hay que llevarlos cerca de Mérida, la policía los está buscando y no es conveniente que los humanos sepan que nosotros intervenimos; ellos deben seguir teniéndonos respeto, sólo deben saber de nuestra existencia las personas que nosotros queramos. Leandro se atrevió a decir -todos estos niños ya lo saben y lo contarán cuando lleguen.

–Ellos pensarán que lo soñaron como sucede con los niños cuando crecen-.

¡A la carga todos a la vez! -gritó Itzel, -¡A la carga!- repitió Chacchel,-¡Todos a uno! -agregó Leandro. Así fue como quedaron cientos de huellas de manitas impregnadas en el camión, el techo tenía huellitas de pies

Unos días después un periódico comentaba la extraña aparición de dichas huellas y elogiaba el valor de las Maestras del Instituto que salvaron a treinta y dos niños que les fueron confiados.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s