Brenda Alcocer, a cinco años de su ausencia | Armando Pacheco

Recuerdo que fue hace cinco años cuando el día 1 del mes de enero, el maestro y mi amigo Jorge Lara Rivera llamó al teléfono celular para dar la noticia del fallecimiento de Brenda Alcocer Martínez, escritora, promotora de la lectura y madre de Cristina Leirana a quien conocí cuando cursaba el primer grado, allá en mis andares por la Preparatoria 2 de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY).

La tristeza fue instantánea pues a Brenda la había tratado en los primeros años de mi formación como escritor en el taller literario del Centro Yucateco de Escritores (CYE) cuando a ella, precisamente, se le encargó por el grupo, instruir a los asistentes sobre la creación de textos para niños. Acudimos pues, de manera inmediata a aquella funeraria del centro de la ciudad de Mérida cercana a la escuela primaria Manuel Sarrado, donde cursé toda mi educación inicial desde mi llegada del Estado de México.

Esos momentos no se pueden explicar, al menos, en un texto como este, y por lo que sólo compartiré mi experiencia con Brenda en lo referente a nuestro oficio.

Le recuerdo siempre sonriente, conversadora y muy aliada de quienes, como ella, se dedican a la promoción de la lectura. Como encargada de una pequeña biblioteca al poniente de la ciudad, Brenda no dudaba en proporcionar los libros de descarte a quienes hicieran buen uso de ellos y, recuerdo, debo confesarlo, que ella me proporcionó una serie de libros que aún están en mi biblioteca.

Su pasión por los niños —así lo demuestran sus publicaciones— era el motor que la alentaba a escribir para ellos. De allá, sus poemas breves pero concisos sobre la playa; su Cuartel de dragones en cuya presentación estuvimos, precisamente en el lugar del mismo nombre y donde hoy es el Centro Cultural del Niño Yucateco; ese día le acompañaron las escritoras y también amigas mías Beatriz Rodríguez Guillermo (+) y Melba Alfaro Gómez.

En fin, este primer número del año 2017 del suplemento Letras en Rebeldía, lo hemos querido dedicar a ella y su palabra; hemos, desde algún tiempo, publicar este especial y hoy, por fin, lo hacemos sabedores de que habrá muchos que, al menos en sus textos, vislumbrarán el alma de una mujer que miró siempre a la niñez de frente y que la disfrutó aún en la etapa adulta.

 

Se autoriza su reproducción siempre y cuando se cite al autor, fuente y enlace  

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