Algunas palabras para releer ‹El sueño›, poemario de Jorge Lara Rivera | Adán Echeverría

«ya no quedan más sitios estoy solo»

Jorge Lara Rivera

Hace 26 años, los trece poemas que conforman el poemario El sueño vieron luz, publicados por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). Un libro delicado, artesanal, sonoro, para pensar y repensar cada palabra asentada en la hoja blanca. Desde el inicio Lara apunta la definición de ‹Sueño›, como el acto de dormir, y al mismo tiempo nos trae la transformación de la raíz latina en las acepciones de ensueño (imagen avistada al dormir) como insomnio (vigilia irregular, incapacidad para dormir), para de ahí lanzar la advertencia poética, desde la voz de Octavio Paz: agua que con los párpados cerrados / mana toda la noche profecías, dos versos tomados del monumento que es Piedra de sol.

Enseguida, como una guía de lectura, nos apunta dos epígrafes; uno de Píndaro, aquel célebre poeta lírico de la Grecia clásica, que en su Pítica VIII dice: El hombre sólo vive un día ¿Qué es el hombre? / ¿Qué no es? No es más que la sombra de un sueño; y luego nos presenta el extracto: ‹Entre sí y no, qué infinita rosa de los vientos›, de Julio Cortázar, tomada de su obra Historia de Cronopios y de Famas, dentro del apartado ‹Material Plástico›, perteneciente al texto: ‹Que tal, López›; donde Cortázar nos presenta el juego del lenguaje a la hora de compartirse el saludo: «Un señor encuentra a un amigo y lo saluda, dándole la mano e inclinado un poco la cabeza. Así es como cree que lo saluda, pero el saludo ya está inventado y este buen señor no hace mas que calzar en el saludo.»

El poemario El Sueño, que presenta Jorge Lara (Mérida, Yucatán, 1960), es una invitación al juego del lenguaje, un juego que Octavio Paz determinó en 1967, con la publicación de Blanco, un juego en el que Julio Cortázar siempre se mostró capaz. Esas son las bases en las que se asienta el poemario El Sueño, de Jorge Lara Rivera, un juego del lenguaje que es una invitación a la creatividad, al discurso histórico, a la convivencia de pasados y presentes, de conquistadores y conquistados, previéndose como una poética mestiza que refiere la tradición del vasallaje de los antepasados mayas, dueños del Mayab yucateco, tierra en la que el poeta ha nacido, pero cuyo discurso está enmarcado en la ambivalencia de utilizar el lenguaje castellano, herencia europea como lo es toda la cultura que ha bebido, lector al fin de los clásicos, pasados, presentes y tardíos por decir contemporáneos. Que más figura que el sueño, la duermevela, la ensoñación para complacerse y recrearse en el lenguaje.

El hablante lírico que narra desde el estado de inminente insomnio, parpadea en el ensueño, para presentarnos la fascinación por la pesadilla, y narrar poetizando en la sonoridad del verso, las múltiples posibilidades del discurso ‘semi incoherente e inteligentísimo’ para transportarnos en las vivencias del sexo, el dolor, la conquista, el abandono, el anacrónico permanecer vivo en un estado postcolonial que es el lenguaje mestizo del cual somos herederos.

Ya Cristina Leirana ha dado cuenta de que en todo el texto de Lara Rivera, solamente la palabra final «Dios», es escrita en altas y bajas, porque todos los demás nombres propios que se apuntan a lo largo del texto están escritos con minúsculas, siendo esta una libertad creativa que se ha permitido el poeta, para manifestar la Cultura Neocristiana (siendo el Neocristianismo, un término con el que se denomina el mundo actual de las iglesias y religiones monoteístas -musulmanes, cristianos y judíos-, sin distinción). «Dios», a quien el poeta describe apenas como «un secreto nombre» con el que el hablante lírico al saberse vivo «más allá del tumulto» sobre «el caos» lo configura.

Pero regresemos al inicio, en una especie de intro, antes de arrancar con el primer poema que ha titulado (vigilia), el autor escribe, o más bien el hablante lírico canta:

«metamorfosis tactos minerales fulgores

emboscado el insecto transmutación añora

la hora del oficio del anfibio del saurio

desnuda sin relojes por oquedad respira»

 

y al leer, el reflejo de la memoria nos conduce a aquel Primero sueño, de Sor Juana Inés de la Cruz, que empieza:

«Piramidal, funesta de la tierra

nacida sombra, al cielo encaminaba

de vanos obeliscos punta altiva,

escalar pretendiendo las estrellas;»

 

y como espejo va traspasado los tiempos para volver a referirnos el mismo ritmo en el que se conduce también Piedra de sol:

«Un sauce de cristal, un chopo de agua,

un alto surtidor que el viento arquea,

un árbol bien plantado mas danzante,

un caminar de río que se curva»

 

Con esa introducción al asunto del poema Lara Rivera nos deja prever la comunicación con la tradición poética; un ejecutante intelectual que logra asentarse dentro de la tradición lírica mexicana, en la que ha sabido abrevar. Y así podemos darnos cuenta que esa «metamorfosis», nos avienta sobre Las Metamorfosis de Ovidio, como en La metamorfosis de Kafka, porque se presiente igual un “insecto”; pero mientras que aquellos «tactos minerales fulgores», indican de nueva cuenta ese vaivén en el que el discurso está asentado, que invita a pensar en aquel «Canto a un dios mineral», de Jorge Cuesta, que nos presenta en la visión del sueño de esta forma:

«Como si fuera un sueño, pues sujeta,

no escapa de la física que aprieta

en la roca la entraña,

la penetra con sangres minerales

y la entrega en la piel de los cristales

a la luz, que la daña»

 

Jorge Lara se sabe entonces «emboscado» como un insecto que espera la transmutación, para experimentar un cambio. Esa añoranza que es la espera de cambiar, de ser minúsculo como un insecto, que ya es en sí mismo el cambio percibido desde la pupa, la oruga, la ninfa; pero humano al fin, sintiéndose minúsculo, a pesar de la metamorfosis, a pesar de los minerales en que se funda su exoesqueleto, como todo insecto capaz de una vida de agitación para reproducirse, en ese pequeño espacio vital que requiere el minúsculo tiempo en que viven. Así los humanos somos minúsculos en el vasto universo del tiempo. Hay que volver entonces a la cita de Píndaro: «El hombre no es más que la sombra de un sueño».

Porque el autor sabe que la «hora del oficio», el oficio de escritor, el oficio de vivir, el oficio de cantar, es ínfimo como el de un anfibio, frágil; o como un saurio, como todos los saurios (lagartijas, lagartos, camaleones), que miran pasar el tiempo «desnuda sin relojes», y que es capaz de respirar por oquedades, el hálito, el aliento, la respiración de sentirse y saberse vivos. La vida como sueño, tal como lo ha planteado desde hace muchos años Pedro Calderón de la Barca.

Ese es el inicio en el que Jorge Lara sitúa su trabajo El sueño, en el que el lector pretende ahora zambullirse, deleitarse, irritarse, hasta sostener el miedo ante la pesadilla, que es esa duermevela, producida por el insomnio, lejana ya al ensueño de avistar la placidez del descanso, sino en la podredumbre mental de no poderse despertar, pero tampoco tener la capacidad para el descanso.

Píndaro, Ovidio, Cortázar, Sor Juana, Jorge Cuesta, Octavio Paz, son apenas algunos de los textos con los que Jorge Lara pretende dialogar desde el inicio de su texto, sabedor que esa cultura que abrevamos, en el mestizaje intelectual en el que permanecemos como hijos que somos de la cultura occidental.

Ya Claudia Sosa ha hecho un recuento de los temas que pasan alrededor de la obra que Jorge Lara ha construido: «Es una visión, un desfile revisatorio de los destinos de la humanidad: miramos la peste consumir Holanda, los presagios arrinconando a Moctezuma, Ofelia, Hamlet divagando en la tiranía de las opciones, Montealbán que refulge en noches lacustres: imágenes que consideramos en las palabras del poeta, asombrados por la cauda infinita del tiempo humano». Nacer en Yucatán, entidad de un México que fuera cuna de grandes civilizaciones antes de la llegada de los conquistadores, de la civilización Maya, que fueron capaces de estudiar a los astros, tanto como legar a la humanidad el uso del Cero; y desde ese saberse pleno en el mestizaje, sacudir la pluma para plasmar el choque cultural, más allá de una postcolonización, sino en la libertad absoluta de poder reunirlo todo, los matices de su pensamiento, en una sola obra que ha quedado para las generaciones que vendrán y podrán acceder a conocer El sueño, tanto como poder construir sus propios mundos, con sus renuncias, sus quejas, sus apropiaciones, sin el menoscabo de poder decir, la tradición nos forma y nos recrea. Esos son, como bien apunta el poeta «los remolinos del idioma», los«hieroglifos», que necesitan siempre ser descifrados, porque el poeta es quien actúa como un alquimista del lenguaje.

La misma Claudia Sosa nos ofrece una mirada más de todo aquello que conforma el poemario El sueño: «La fuerte presencia de las raíces originales, lo maya, es el equilibrio necesario para la presencia de momentos significativos en la historia occidental, y que aparecen a lo largo del texto».

Así mismo dentro del texto confluyen:

Personajes históricos o de la literatura: Aníbal, Chandragupta, Rembrandt, Erasmo, Constantino, Héctor, Helena, Edipo, Axólotl, Lear, Lancelot, Jonás, Hamlet, Goldmundo, Jonattán, Caín, Abel, Huáscar, Atahualpa, Odiseo, Zenón, Buda, Averroes.

Personajes Mitológicos: Bacabes, Furias, Caronte, Yaxché, Venus, Lamias, Ninfas, Gárgolas, Unicornios, Centauros, Prometeo, Leda, Esfinge, Edén, Afrodita, Lilith, Gorgona, Céfiros, Hadas, Onfalia, Arpías, Akbal, Mandrágoras, Cancerbero, Cíclopes.

El poeta abunda sobre astros y sus movimientos: Júpiter, cinturón de asteroides, Orión, Andrómeda, cometas, sol, fases lunares, mapas astrológicos, meteoros, solsticio, luna, Aldebarán, Pléyades, quásares.

Y nos remite a lugares: Holanda, Amsterdam, Europa, Normandía, Bizancio, Tulum, Alejandría, Troya, Mar Egeo, Pompeya, Tadziu, Cuzco, Montealbán; además de desiertos, selvas, mares, ríos, pantanos, lagunas, volcanes, glaciares.

Entramos al poemario en forma con el poema (vigilia) el primero de los trece poemas que lo conforman.

(vigilia)

en las aguas de azogue del espejo

hundido

difuminarse

lamentos explorar

transponer límites

ser un hombre

con la voz recobrar el paraíso

en este ahora

intento

a solas

desvanecerme tras algún bostezo

 

Y podemos establecer contacto con aquel Paraíso Perdido de John Milton; porque el hablante lírico de Lara deja de ser aquel «insecto» primigenio, para «ser un hombre», humano en extensión, y es con la voz con que pretende recobrar el paraíso. Necesario es afirmar lo que la cita bíblica refiere: «En el principio era el Verbo (Palabra)»; porque ha sido la palabra, el lenguaje que proviene de la voz, aquello que nos permite comunicarnos unos con otros; entendernos, y dentro de ese entendimiento poder firmar el «Contrato Social», para poder vivir en paz (ese preciado paraíso); «recobrar el paraíso / en este ahora»; un ahora en el que la soledad (a solas), le invita a desvanecerse tras algún bostezo. Ese bostezo que no viene del aburrimiento de la soledad, sino de la tranquilidad que permite la lectura, la paz que se presiente en el saberse parte del mundo, lo que nos asegura la erudición, la inteligencia que nos brinda la lectura, el conocimiento; pero es necesario reconocer el egoísmo que también implica el acto lector, el acto de escribir, una soledad que termina solamente cuando el lector se acerca a lo creado por el escritor. Cuando lector y escritor logran encontrarse dentro de la lectura del texto, y no solo en la creación del mismo. Y ese es el «paraíso» al que apunta todo poeta, al cantar sus textos, al escribirlos y publicarlos, ponerlos a disposición de la eternidad. Antes no existía, y ahora ha sido creado y existe por la mediación del creador, el escritor, el poeta. Más allá de la actividad de leer para otros, leer es un acto egoísta, se lee en silencio y en la intimidad. Escribir es un acto egoísta, se escribe en silencio y en la intimidad. En el encuentro del Lector con el texto creado por el Escritor, en el encuentro de esos dos actos de Egoísmo, es donde el Mundo Intelectual, logra fundarse; y Jorge Lara lo sabe y por ello se recrea en el lenguaje, como lo han hecho grandes escritores en la entrega de su erudición a los lectores.

De los trece poemas que lo conforman, el poema (delta) es el de más largo aliento, abarca alrededor de 20 páginas del poemario.

En el poema nombrado (somnolencia), el autor nos invita a retroceder la vida terrestre hacia la acuática, del río hasta el mar, en la profundidad del océano. Hace que nuestra mirada primero siga una fila de hormigas caminando entre el verde de la selva (jade-jungla), transmutar entre leopardos ríos; una mirada lectora que corre como el agua de los ríos que cruzan rápido entre la tierra y los escollos vegetales, con esa agilidad del leopardo hasta ese caldo primigenio que es el mar, frágil como sexo, por esa su húmeda, mojada consistencia, y que al mismo tiempo es atemporal, como el pecado original (sexo, la desobediencia, alcanzar la gloria de la unión carnal entre dos que se complementan); y alcanzar el orgasmo, como estallido azul, ya situados en el agua, miramos los dos o tres cardúmenes en que nuestra mirada se esparce en la majestuosidad oceánica: bogavantes, moluscos, navegación de sombras, delfines, la ballena azul, mezclada con el vuelo de las águilas, los roedores de las dunas, el grito que es incendio: aire, agua, tierra, fuego, los cuatro elementos de la naturaleza; y esa es apenas la somnolencia, nos indica el poeta.

He acá algunos fragmentos de los poemas contenidos en la obra El Sueño, del poeta Jorge Lara Rivera (los numerales que preceden a los versos, enumeran los fragmentos escogidos de cada poema, ya que se trata de poemas de largo aliento).

(duermevela)

1) un niño dócil

pronuncia sentencias y el destino es

augurio siempre

siempre sangre

caricia resolución

instante-polvo

en el pleno del aire

besos

y explosiones de anémonas en marzo

 

 

(rem)

1) los bufones

gozadores en el falso silencio

vuelven la mirada para no desplomarse

como una piel roja de escarcha

el día aletargado vuelto frío

dispone

amotinados perros inmigrantes

judíos y bárbaros quedan

proscritos

 

2) hay un buque fantasma anclado frente al muelle

 

3) ha vuelto el mar con su voz

y su filo de espada de la costa normanda

mortecina y terrible la atmósfera

en esta otra aldea regida

por caronte

no hay música de flautas faltan

vituallamientos medicinas

potentes caricias

que sostengan la vida

a través de la imagen maloliente

en la niebla

los soldados acuden a una guerra perdida

en balde un niño se sonríe

 

(alpha)

1) mas en la isla crece una tormenta de latidos

soy el hombre solo

por todas partes nace el dolor lo turbio

 

2) la realidad subsigue

nuestra versión del caos

un desamparo indefensión sin llama

bajo el asedio de murciélagos

ideas que resurgen en el giro

rotación en desorden de milenios

amor pena muerte placer

 

 

(delta)

1) vibración que se despeña en aire

luego las sábanas

se anudan se separan y regresan

dos enlazados bultos

¿oscuridad o fiebre?

 

 

2) no hay tiempo

todo fue entregado

los sepulcros se abrieron

están secos los ríos

pero lo ígneo estremecido nombra

posibilidades épocas que no fueron

sólo ascua o tembloroso

tacto en un cuarto con olor a sexo

 

 

3) estamos habitados por fantasmas

del tiempo un pebetero

estalla el agua de la sombra

fluye arde

un crujir de ópalos opacos

golpe seco

el esperma del miedo está en mi boca

los astros calcinados como perros

 

 

4) viejas fotos

o sábanas

que ya no son sudarios o aleteos

sino filos cortando el racimo de la imagen

el triste pensamiento el alto vuelo

con que aprendimos a decir poséeme

 

 

5) se ha levantado el sol y ya no importa

lo vivido se fue

a otro lugar la soledad que llora

está madurando en cada hueco

tiene ambición de arroyos

mala salud peor

si quiere rebelarse

alguien yo no lo sé nos habla

en la mancha de las sábanas

defiende desnudeces ya pasadas roídas

cortinas donde un dibujo es concha

caracol inútil timbre

la ciudad de sustancia

dos se abrazan

inútil abrir puertas

de pronto la tribu titubea

escozor y rencor frente a la dicha

una sola sonrisa suave es todo

en este mismo minuto el espejismo

ha dejado de ser locura infame

 

(mor paradójico)

1) te retiras entonces de mis brazos

todo lo que no fue y ya es recuerdo

vuelve

 

 

2) te pareces entonces a la hora que arde

la tibia mano el mar la luz incontestable

y sólo el viento que se rebela siempre

sabe que del instante afilado

eres el nombre la cifra

 

 

(mor)

1) los remolinos del idioma

son

apenas migas de pan por el camino errado

una red de torcidas apariencias vela

esta audaz destrucción de las teorías

naturalezas muertas el silencio fijo

extático

insondable

 

En el año dos mil, el Gobierno de Yucatán crea el Premio Estatal de Poesía Joven, Jorge Lara Rivera, que para el año 2010 se volvió Premio Nacional de Poesía Joven Jorge Lara Rivera, como una forma de fomentar la creación poética entre la juventud yucateca y mexicana, y homenajear a un autor yucateco cuya trayectoria en la poesía no ha tenido descanso.

Referencias

Lara Rivera, Jorge. 1990. El sueño. (poemario) Ediciones de la Universidad Autónoma de Yucatán. Mérida, Yucatán. 80 pp.

Leirana-Alcocer, Silvia Cristina. 2011 El sueño. Mérida: Ayuntamiento de Mérida/Secretaría de Educación/Cultur. Texto publicado en el Periódico Por Esto! http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=33&idTitulo=145406, consultado el 28 diciembre 2016, a las 10.02 horas, Tiempo del Pacífico.

Sosa Cárdenas, Claudia. Algo sobre El Sueño (o El sueño final). Texto publicado en el Periódico Por Esto!, http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=33&idTitulo=145200, consultado el 28 de diciembre de 2016, a las 10.33 horas, Tiempo del Pacífico.

 

Se autoriza su reproducción siempre y cuando se cite al autor, fuente y enlace

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