La Virgen de Izamal en la rebelión de Canek | José Iván Borges Castillo

X-ki´ichpan ko´olebil María

a Bartolomé Alonzo Caamal

Uno de los movimientos indígenas más importantes del siglo XVIII en la llamada América septentrional, fue el de los indígenas mayas, que cansados de diferentes vejaciones y problemas acarreados por las nuevas políticas de expansión de estancias y haciendas, despoblamiento de los pueblos de «indios» y repartimientos, se alzaron en rebelión en el pueblo de Cisteil, encabezados por Jacinto Uc, llamado el Rey Canek.

Por los lazos de comunicación entre pueblos muy distantes, el gran número de caciques que lo secundaban, y la magnitud con que ésta se presentó, logró un tremendo impacto entre la población blanca de criollos y peninsulares, pasando de los límites de esta entonces provincia, a toda la Nueva España, y más allá de sus fronteras.

La rebelión refleja la visión y mentalidad religiosa de los mayas yucatecos de mediados del siglo XVIII. La divinidad dual, de lo femenino y masculino, está presente, como parte del sincretismo religioso. Importantes estudios históricos han realizado especialistas como Pedro Bracamonte y Sosa en La encarnación de la profecía Canek en Cisteil (CIESAS-2004) o Espacios mayas de autonomía. El pacto colonial en Yucatán (CIESAS-1996) del mismo autor mencionado y Gabriela Solís, que ayudan a tener una mejor perspectiva de lo ocurrido. En tanto que la presencia masculina en la divinidad tenía lugar con el mismo Rey Canek, como se hizo proclamar, el lado femenino encontraba su lugar señalado en la imagen de la Virgen María, venerada en ese pueblo, a quien mandó despojar de manto y corona que se colocó a sí mismo y nombró a la Virgen su esposa, mandando que todos la adoraran como tal.

Reflejo fiel del pensamiento sincrético, de resistencia, María, la mujer celestial, posicionada en la doctrina religiosa como la llena de gracia y toda hermosa, pero en segundo nivel de jerarquía celestial después de un «dios padre», fue aceptada de forma pero no en fondo. Los textos mayas coloniales revelan esa asociación de la dualidad divina, por ejemplo cuando el Chilam Balam de Chumayel refiere «todo Dios, el Señor del cielo, el Señor-Señora, que es Virgen milagrosa» (Sodi.SEP-1986). El Dr. Bracamonte y Sosa señala el hecho de coronarse Canek con la diadema y manto de la Virgen, dos puntos clave: el primero, que al usar la prenda se exterioriza como Jesucristo tal y como lo hace un sacerdote católico, el segundo punto es más profundo y atañe a la religiosidad indígena antigua del hombre-dios mesoamericano.

Aunque los diccionarios y vocabularios mayas, escritos por religiosos durante la dominación española, no señalan la palabra Kolebil, ésta fue clave para nombrar a la Virgen María. Y fue así como la entiende el pueblo maya cuando la llama Nuestra Señora, pero con especial énfasis al invocarla como la X-KI´ICHPAN KO´OLEBIL MARÍA, palabra que encierra grandes conceptos. Ya hemos expuesto este tema en la Compilación Literaria del Mayab III.

La primera parte es una exclamación de exaltación de su belleza: X-ki´ichpan, la hermosa, la toda bella, la agraciada sin igual. «Ko´ole», significa la mujer señora, mientras que «bil» hace alusión a una función específica, definida a determinada persona, volviéndola una sola palabra: Ko´olebil, es decir, la señora que trabaja rodeada de la divinidad, la señora mística, que no tiene par. Esta palabra la coloca en la posición de una divinidad que no tiene la Virgen María en la concepción teológica cristiana. Ko´olebil es la palabra para exaltarla sobre todas las mujeres terrenales y aun sobre las santas canonizadas. Es enmarcarle su lugar en la cosmovisión religiosa del pueblo maya yucateco. A la palabra Ko´olebil se le agrega enseguida María para enfatizar su exclusividad en la figura de esta mujer llamada Madre de Dios en el cristianismo.

Es hasta la primera mitad del siglo XIX cuando Juan Pío Pérez, en su Diccionario de la lengua maya, donde refiere la palabra «Colebil: por antonomasia la Sacratísima Virgen Madre de Dios». Todo este pensamiento sincrético había de retomarse, con mayor ímpetu, en la guerra de castas iniciada en 1848, cuando había concluido la primera etapa de ese movimiento. En el periódico Repertorio Pintoresco, publicado en 1863, menciona: «Hasta en las chozas en las rústicas rancherías de los sublevados se oye resonar continuamente el dulce nombre de María: XCICHPAM COLEL. He aquí el nombre que dan a la santa Madre de Dios: Hermosa Señora.»

Para mediados del siglo XVIII, Nuestra Señora de Izamal congregaba en su fiesta de los primeros ocho días de diciembre, a una enorme cantidad de indígenas, y diferentes sectores sociales, siendo la imagen mariana principal y de mayor devoción en la península, recaía sobre ella la nueva concepción de Ko´olebil.

Y si por un lado los indígenas tenían su cosmovisión religiosa sincretista de la Virgen María, por otro lado estaban los criollos que nacidos en estas tierras buscaban por sus imágenes vínculos de unión y distinción entre regiones y pueblos. Teniendo en la Virgen de Izamal la imagen que cumplía con esta idea, Antonio de Rubial García (Prólogo del Zodiaco Mariano, CONACULTA-1995) expone: «A la necesidad indígena, se unió desde mediados del siglo XVI la de mestizos y criollos, que como grupos sin memoria histórica, y distanciados de sus antepasados indios y españoles, buscaban una identidad.

›Frente a la actitud despectiva del peninsular, un difuso sentimiento se iba desarrollando con variadas expresiones en esos grupos, siendo uno de los más notables el culto a un sinnúmero de imágenes milagrosas autóctonas surgidas en las más variadas regiones de la Nueva España: las vírgenes de Guadalupe en Tepeyac, de Ocotlán, de Zapopan, de San Juan de los Lagos, de Tecaxic, de Izamal, de Cosamaloapan, de la Salud, de los Remedios, y muchas más se convirtieron en elementos que aglutinaron la conciencia colectiva fomentando la formación de identidades locales y de un incipiente nacionalismo».

La parte criolla de Yucatán, encontró en la Virgen de Izamal el estandarte de su identidad. Y cuando la sublevación de Canek había sido cruelmente vencida, el discurso aparece como signo de gratitud perpetua por la ya declarada Patrona de la Provincia. Es importante recalcar la figura del capitán Cristóbal de Calderón, el indiscutido héroe que venció a Canek. Este personaje es principal para entender el discurso criollo que se impuso. El mencionado capitán era hijo de los Condes de Miraflores, destacados por su piedad y patrocinio al culto a Nuestra Señora de Izamal, y es posible que al llamado de la Iglesia local de invocar a la patrona de estas tierras en esos momentos de angustia presentados por la sublevación hayan realizado, a devoción familiar, alguna manda o promesa a la Virgen Itzalana, cumpliéndolo a la brevedad, sacando a la luz pública la primera novena en su honor, impresa en la ciudad de México en la célebre imprenta de D. Cristóbal y don Felipe de Zúñiga y Ontiveros. En la portada se dedica la gratitud de los Condes con la Virgen cuando se enmarca: «Novena de la Santísima Virgen de Ytzamal. Esto en obsequio de la milagrosa Imagen de Nuestra Señora, que bajo de este nombre, se venera en su santuario del pueblo de Ytzmal, distante quize leguas de la capital de Mérida. Dispusola un devoto sacerdote que venero los umbrales de su santo templo. Y sacada a luz el Sr. Conde de Miraflores D. Santiago de Calderón, Coronel, y Tesorero de la Santa Cruzada, para excitar al debido reconocimiento a tantos, y tan grandes beneficios, como esta provincia toda ella obliga a su divina Benefactora».

En tanto que para el día sexto de la novena, se señala la protección divina de la Señora de Izamal, aunque toda la novena es un discurso criollo de identidad, es este apartado donde se aborda el tema de la sublevación de Canek, cuando expone:

«Considera, alma devota, que esta celestial graciosa niña María Santísima en su Concepción Purísima fue no solo el Iris que anuncia la paz, sino también la verde oliva que trajo al mundo la serenidad. Así parece que lo quiere manifestar en su sagrada copia de Ytzmal, como lo puede decir la nueva y reciente sublevación del año pasado de sesenta y uno, en que estuvo muy a peligro esta provincia de perder la Religión, y volver a su antigua barbarie.

›¿Y quién aplaco todo este tumulto? Sino la Virgen de Ytzmal que se halló vuelta hacia donde se hacia la guerra, patrocinando a los españoles. Así lo confesaron los mismos revelados, que decían que a no estar de por medio la Virgen de Ytzmal, hubieran prevalecido en sus perversos insultos, pero que algún día se dormirían (decían ellos) y entonces triunfarían de sus contrarios. Pero la gran Señora que nunca duerme, y que siempre vela para nuestro amparo y refugio, esperamos que nunca nos desampare, y que como iris hermoso y oliva inmarcesible, conserve siempre la paz y la Fe en esta provincia y nos libre de todos enemigos así visibles como invisibles.

Si en tu pura concepción
Iris te muestras y oliva
Venciendo a la sierpe altiva
En su mayor hinchazón.
La de Ytzmal es bien sabido
Que es oliva victoriosa,
Que trajo la paz dichosa
A Yucatán combatido».

Una lectura detenida de este texto nos ofrece aclarar importantes puntos. Resalta primero, la función de la imagen sacra como vinculo a la divinidad, que mantiene protección sobre la tierra yucatanense, logrando en consecuencia el dominio de la religión y de la corona española, salvándola de «volver a su antigua barbarie» refiriéndose a la religión y política maya prehispánica. Hace énfasis en las declaraciones supuestas, de los rebeldes «que decían que a no estar de por medio la Virgen de Ytzmal, hubieran prevalecido en sus perversos insultos, pero que algún día se dormiría (decían ellos) y entonces triunfarían».

Los estudios históricos realizados por Bracamonte y Sosa reflejan la fuerte religiosidad de los sublevados, en tanto que la Virgen María tenía su nombre y culto cabida entre los rebeldes, y con la novena se refleja su también presencia entre los criollos y la élite española en Mérida, podemos decir que la misma impresión de la Novena fue producto de esta gratitud y de legalizar el discurso. Aunque la novena se le ha atribuido al jesuita Francisco Javier Paz, por el contenido de la misma refleja por lo menos dos hábiles plumas, puesto que Paz murió en 1747, y la novena refleja hechos posteriores, tanto la sublevación de 1761 como la obra Zodiaco Mariano publicada en 1755.

La novena fue terminada de escribir en 1762, y quizá entre diferentes eventos y la lentitud de la comunicación y demás eventualidades surgidas, la novena sale a la luz pública en 1764. Quedando como testimonio del pensamiento criollo y de la intelectualidad yucatanense pasados los mediados del siglo XVIII, el llamado Siglo de las luces.

Contiene además, unos versos de arte menor, en cada uno de los días de la novena, en el del día sexto, será una analogía entre la oliva, ramo verde del pico de la paloma de la paz, del pasaje bíblico del Arca de Noé que trajo la victoria y paz dichosa al Yucatán combatido, todo esto como prototipo de su Concepción donde venció a la sierpe que a sus pies luce abatida, entonces a las maléficas y diabólicos, de los que aquellos hombres vieron los planes del Rey Canek, lo que en realidad vieron era una amenaza a sus interés de haciendas y caudales, de privilegios y corrupción.

Y como ha señalado en sus importantes artículos en el Diario de la Dignidad POR ESTO!, el distinguido maestro Bartolomé Alonzo Caamal, a quien dedico este artículo sumándome a traer al presente la memoria de los héroes de nuestro pueblo maya, al señalar: «El suplicio y ejecución de Canek no ha significado necesariamente la derrota ni el fin de las luchas de resistencia del pueblo maya… Pero sí exhibió, una vez más, en la ya larga historia colonial, el racismo y el enfermizo odio del colonizador blanco contra la población aborigen. No obstante que ésta ha sido ‹utilizada›, a partir de la invasión española, para producir las riquezas que aún disfrutan los grupos sociales dominantes».

Lo evidente es que el dolor y sufrimiento del pueblo maya tanto del siglo XVIII como la de este siglo XXI, no parece haber mejorado, en nada, en lo absoluto, en tanto que María de Nazareth es invocada tanto por los que dominan y sobajan a nuestras comunidades, como por el pueblo en general, no deja de ser dolor de cabeza para los primeros, cuando el sufrido pueblo la invoca como X-ki´ichpan ko´olebil María, y la asocia a la mujer de magníficat, con la María de la teología de la liberación, que proclamó: “destrono del trono a los poderosos y exalto a los humildes” sólo así llegara “la paz dichosa al Yucatán combatido” mejor dicho «sumergido» en pobreza, en marginación de salud y educación, en discriminación social.

El autor de este texto es escritor comunitario de Yucatán

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