Feliz día, mi querido escritor | Armando Pacheco

El 20 de diciembre del año 1989, nos cuentan Melba Alfaro y Jorge Lara Rivera, a instancias de Elvia Rodríguez Cirerol, confundadora del Centro YUcateco de Escritores (CYEAC), y recordando una tradición de los creadores literarios yucatecos y editores avecinados en el entonces Distrito Federal, quienes se reunían una vez al año para leer y comentar sus obras, los cuarenta integrantes del CYEAC se dieron cita en un desayuno, leyeron versos, aforismos, cuentos cortos y fragmentos de dramaturgia y novela, creaciones propias; de esa manera quedaría instituido el Día del Escritor en Yucatán.

Hoy, sin embargo, existe una desinformación entre la “comunidad literaria” de lo que esta jornada representa en realidad para quienes hemos sido, en diversas generaciones a partir de ese 1989, testigos de los vaivenes en el terreno de la palabra escrita en Yucatán. Y es que se piensa que el Gobierno en turno, tiene la responsabilidad de festejar a todos los que dicen llamarse escritores a un desayuno colectivo para verse las caras, presumir logros o mantenerse callados por el fracaso anual. No considero sea así, pues durante mucho tiempo, esos cuarenta integrantes fundadores del CYEAC, se reunían con recursos propios en alguna cafetería para el desayuno y ya al mediodía, como dicta la tradición peninsular, acudir a un botanero para refrescar la garganta y hasta que el cuerpo aguante. Se charlaba, sobre todo, del amigo ausente por compromisos en otros lares del orbe; se hacían bromas (a veces pesadas) sobre la publicación o premios de algún compañero del grupo; en fin, era y creo, sigue siendo, el reencuentro anual con los “sanguinarios” miembros del “bien amado Centro Yucateco”.

Fue a partir de la administración de Oscar Sauri Bazán en la dirección de literatura del ya desaparecido Instituto de Cultura de Yucatán cuando el Gobierno instituyó, oficialmente, la celebración, pero el requisito para asistir era que el autor invitado al desayuno, tenía como entrada un texto de su creación que se leería después del acto protocolario. Así se realizó varios años, pero poco a poco se fue tergiversando el sentido y ya todo el mundo quería asistir; se veía desde funcionarios de áreas ajenas a la creación hasta parejas de éstos. La lectura empezó a perder sentido y los grupos emergentes de escritores creía que el Gobierno, tenía obligación de reconocerlos sin que hayan obtenido méritos para ello.

A pesar de todo esto, el Centro Yucateco de Escriores sigue rememorando la tradición y por la tarde de cada 20 de diciembre, sus integrantes y compañeros, asisten a un botanero para brindar, bailar, bromear y recordar al que, tristemente, nos ha abandonado de este mundo.

Sea pues, independientemente de las soberbias de algunos, este día, uno muy feliz para todos los queridos escritores de Yucatán y el Mundo.

 

Se autoriza su reproducción siempre y cuando se cite al autor, fuente y enlace de este artículo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s