Espionaje y elecciones | Porfirio Muñoz Ledo

Cuando en 1973, durante la investigación por espionaje y robo de documentos al Comité Nacional Demócrata en Watergate, se comprobó la implicación directa del Presidente Nixon, el escándalo correspondiente dio fin a su mandato. Cuarenta años después, en un nivel altamente sofisticado, han surgido evidencias de un espionaje cibernético a escala mundial que determinó el rumbo de las pasadas elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Según el Washington Post, se trata de comicios “viciados” cuyo resultado es “ilegítimo”, ya que la Agencia Central de Inteligencia ha demostrado la participación de “hackers al servicio del gobierno ruso, que inclinaron la balanza a favor de Donald Trump”.

Resulta escandaloso que el FBI conociera la actuación de estos espías denominados “los duques” para intervenir los servidores demócratas. Robaron entonces conversaciones del presidente de campaña John Podesta y más tarde filtraron los correos que la señora Clinton, como Secretaria de Estado, hizo a través de un servidor privado y que fueron utilizados para desacreditarla, a pesar de que el propio director del organismo la encontrara no culpable de la violación a las leyes del secreto federal. Las policías al mando de la política en operaciones que ponen en duda la validez de los procesos democráticos rebasan todas las experiencias en materia de fraude electoral, aun en países como México.

En Buró había identificado a dicho grupo desde 2013, cuando realizaron ciberataques a los sistemas de correo electrónico de la Casa Blanca, del Departamento de Estado e incluso de los jefes del Estado Mayor Conjunto. Lo que en apariencia era una recopilación de datos, se transformó finalmente en una operación masiva para dañar la campaña demócrata. Como lo afirma el New York Times: “Moscú apuntó el arma perfecta al corazón de los Estados Unidos”. Tan precisa como un misil nuclear y más devastadora que la destrucción de las Torres Gemelas.

La CIA se había mostrado reacia en dar a conocer esta información en aras de una supuesta neutralidad. Sin embargo, el FBI adoptó un papel mediático de grandes proporciones justo diez días antes de la elección, al reabrir la investigación contra la candidata demócrata. Paul Krugman sugiere la combinación entre la intervención rusa y las acciones y omisiones de las agencias norteamericanas de inteligencia. Señala que Clinton perdió los estados de Michigan, Wisconsin y Pensilvania por menos de un punto porcentual. Si hubiera ganado cualquiera de los tres, sería la presidenta electa.

El nombramiento del ex director de ExxonMobil, amigo personal de Putin, como Secretario de Estado, confirma la sospecha y enciende la indignación, al punto que el Presidente Obama ha ordenado una “revisión completa” de las elecciones y que sus resultados sean entregados antes del 20 de enero, fecha del relevo. No es el recuento “voto por voto” lo que valida una elección, sino el análisis de los factores ilegales que influyeron en la misma.

El 19 de diciembre (hoy), según las reglas, se reunirán los Colegios Electorales para votar nuevamente y ratificar al ganador de la contienda. Surge un movimiento nacional, los “Hamilton Electors” que instan a que 37 miembros republicanos voten en contra y ello obligue a elegir un candidato alternativo de sus propias filas. Es la última carta para detener un despropósito político. De no ocurrir así quedará, no obstante, conciencia pública de una elección fraudulenta y de una ilegitimidad de origen que potenciará la crispación interna del país y la credibilidad internacional de su gobierno.

En este clima de sospecha, cabe preguntarse sobre el destino de los procesos electorales en el mundo. La intervención extranjera en la vida política de las naciones ha sido abusiva y reiterada: la promoción de golpes de Estado, complots, magnicidios e invasiones. Podría convertirse ahora en una injerencia sistémica, aliada a los sistemas internos de seguridad e inteligencia que guardarían la formalidad externa de procesos democráticos. Según observadores cercanos eso fue, precisamente, lo que ocurrió en el Brasil y podría reproducirse en otros países de Latinoamérica y del mundo. Desde el año 2000 sugerimos en México un proyecto para evitar el uso del ciberespacio con fines de dominación política. Sugerimos, incluso, promover una conferencia internacional para atajar las conductas delictivas contra la seguridad y soberanía de las naciones. Aún estamos a tiempo.

FUENTE: DIARIO POR ESTO!

ENLACE: https://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=526361

 

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