Libro, tus hojas son como puentes | Ariel Avilés Marín

El libro no es un objeto común y corriente, tiene cualidades insospechadas que nos hacen llegar pensamientos, voces, sentimientos y cuanta cosa es capaz de pasar por la mente humana; su origen se remonta a tiempos muy lejanos y su forma y presentación han variado al correr de los tiempos y ha tomado los más variados aspectos.

En una conferencia que dictara Jorge Luis Borges en una universidad de Dinamarca, externó acerca del libro una serie de conceptos profundos que nos acercan a esa personalidad maravillosa que el libro esconde entre sus páginas. El autor de “Fervor de Buenos Aires”, dijo, al auditorio que le escuchaba: “El libro es un vehículo maravilloso, es el único capaz de permitirnos dialogar con gente de otros tiempos”; y efectivamente, es así; un libro nos pone en contacto con la voz y el pensamiento de gentes de épocas remotas; es el único medio que nos permite saber, de manera directa, cómo pensaba o sentía un hombre que vivió mucho antes de que, ninguno de nosotros, fuera siquiera concebido, y mucho menos tuviera la posibilidad del contacto directo de esa gente y su época.

Las voces de grandes bardos, como Homero o Virgilio, llegan a nosotros y nos dicen al oído, las impares metáforas que estos poetas construyeron en el universo de la poesía; sin un libro de por medio ¿cómo podríamos disfrutar de la “Aurora de los rosáceos dedos”? ¿de qué manera sentiríamos la liviana velocidad de “Aquiles, el de los pies ligeros? La voz del aeda llega hasta nosotros desde las impresas letras de un libro que nos une a él y nos da la posibilidad de tocar en directo la sensibilidad de sus versos maravillosos.

La obra de la mónada mayor, el gran arquitecto del universo, se hubiera perdido en la noche de los tiempos sin las páginas de un libro que recogiera y catapultara hasta el futuro el pensamiento de Wilhem Leibniz y nos legara su teoría filosófica en obras como “La Teodisea” o “Nuevos Ensayos Sobre el Entendimiento Humano”; ha sido, y es indispensable que estos pensamientos hubieran sido transformados en caracteres escritos e impresos, para que la luz de este pensamiento profundo brillara hasta nuestros días.

El año de 1492, está escrito con letras indelebles en la historia humana; este año, el mundo toma conciencia de su ser total al tocarse las manos los hemisferios, oriental y occidental por el viaje colombino; unos años antes, Juan Gutenberg inventaba la imprenta; una verdadera revolución cultural sacudiría al mundo: El Renacimiento. Con él, aparecen los primeros libros impresos y el pensamiento humano alcanzaría una proyección nunca antes soñada. El pensamiento humano había adquirido la capacidad de surcar tiempo y espacio sin restricciones.

Mucho antes de que estos sucesos tuvieran lugar, ya el libro tenía vida y presencia en diversas civilizaciones. La primera biblioteca del mundo data del S. VIII A. de C. y fue reunida por el rey Sargón II y ampliada en forma extraordinaria por Asurbanipal en el S. VII A. de C. Este importante acervo estaba compuesto por tablillas de arcilla con escritura cuneiforme, la primera forma escrita registrada en la historia humana; de las ruinas de esta secular biblioteca fue rescatada una de las obras épicas más importante de todos los tiempos “La Epopeya de Gilgamesh”.
En Egipto, la escritura jeroglífica, sobre hojas de pergamino, hechas con corteza de papiros, nos permitió conocer el ser y el sentir del pueblo egipcio. En pergamino se conservaron obras torales para la cultura humana, como “Relato de un Náufrago” y el esencial “Libro de los Muertos”.

Durante la Edad Media, el dominio férreo de la iglesia sumió a la humanidad en un milenio de ignorancia y fanatismo; sin embargo, hay que señalar muy claramente la trascendente obra de los amanuenses, que día tras día, en los refectorios de los conventos y abadías, hicieron verdaderas obras de arte en tinta y papel y preservaron para nosotros la palabra y el pensamiento de clásicos como Platón, Aristóteles, Leucipo, Demócrito o Heráclito.

Hoy por hoy, estamos en la era de la comunicación prácticamente instantánea, basta oprimir una tecla o un ícono digital, para que la información cruce el mundo, sin frontera alguna que la pueda detener. La revolución de la comunicación que el uso, y abuso, de las redes sociales ha significado en la comunicación humana, no tiene antecedente de ninguna especie. Esta arrobadora forma de la comunicación humana, es benéfica, sin duda ninguna.

La posibilidad de cargar con uno o muchos libros en un dispositivo electrónico, es una verdadera revolución cultural de nuestros días. La posibilidad de encontrar en la red el libro ansiosamente buscado y, apretando un botón virtual descargarlo en nuestro teléfono, IPod o Tablet, es un recurso no soñado hace no muchos años. Los medios electrónicos son maravillosos y nos ofrecen un panorama nuevo en la cultura. Sin embargo, no dejan de ser eso, medios; el contacto con el universo que nos rodea, sigue requiriendo de un medio de comunicación, y éste, sigue siendo el libro.

Los libros, esos raros objetos que nos miran desde la silenciosa quietud de sus estantes olorosos a maderas, siguen siendo los puentes que nos permiten cruzar el tiempo y el espacio y entrar en contacto con la cultura de todos los tiempos. Los libros, sus hojas son como puentes que nos invitan a cruzarlos.

¡Hagámoslo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s