¿Se paralizan las inversiones en Cuba?

La apertura de la economía cubana, con la creación de una zona especial de desarrollo a las puertas de La Habana, ya lleva tres años. Además, se aprobó una ley de inversiones para atraer capital extranjero. Luego del “deshielo” en las relaciones entre Cuba y EE. UU., en 2014, La Habana se ha convertido en el punto de reunión de representantes del comercio y las empresas de todo el mundo. Pero las apariencias engañan. Es probable que el crecimiento económico de la isla no llegue este año ni siquiera a un uno por ciento, como lo admitió Rodrigo Malmierca, el ministro cubano de Comercio Exterior. El índice de crecimiento de años anteriores, sin embargo, fue de un cuatro por ciento.

Actualmente, Cuba está muy lejos de cumplir con su objetivo de atraer 2.500 millones de dólares anuales en inversiones extranjeras. En los últimos dos años se aprobaron 83 proyectos por un volumen total de 1.300 millones de dólares, según Malmierca. Comparadas con el catálogo de inversiones –con 395 proyectos y un volumen de 9.500 millones de dólares- esas cifras resultan bajas. La Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM) es un proyecto del Gobierno cubano destinado a fomentar la inversión extranjera en sectores como energía, tecnología, logística y agroalimentos. Cuenta con una extensión de casi 500 kilómetros cuadrados y está ubicada a 45 kilómetros al oeste de La Habana. Allí, la cantidad de proyectos de inversión aprobados no llega a 20.

¿Paralización de las inversiones?

¿Estamos ante un fenómeno de paralización de las inversiones? La directora de la ZDEM, Wendy Miranda Borroto, no parece preocupada. Según ella, la adjudicación de proyectos corresponde con lo planeado: “Normalmente, en los primeros cinco años, las zonas económicas especiales desarrollan su infraestructura, y luego se invita a los inversionistas a establecerse. En Mariel hicimos ambas cosas de manera paralela en los últimos tres años”, explica. En esas condiciones se lograron cerrar 19 proyectos, “una cifra presentable”, según ella. Pero lamenta que, por ejemplo, todavía no haya empresas alemanas en la zona: “Alemania es un mercado muy interesante que nos gustaría ver representado en la ZEDM. Según el embajador alemán en Cuba, Thomas Neisinger, “no falta confianza ni un lenguaje común, pero sí, en cierto modo, transparencia” en los procedimientos de autorización. La calidad de las relaciones económicas es la correcta, pero en cuanto al volumen de negocios, este podría aumentarse, agrega. Wendy Miranda Borroto cree que el obstáculo principal es el factor cultural: “Los alemanes son más bien cuidadosos. Estudian primero en detalle las normas. Sin embargo, pienso que pronto recibiremos solicitudes de Alemania”.

Helmuth Obilcnik, presidente de la representación regional de la compañía Bosch para el norte de América Latina, comparte esa opinión: “Los alemanes somos muy críticos en muchos aspectos. Es parte de nuestra mentalidad hacer las cosas con cautela”. Y añade que un tema muy importante es la confianza, que no se construye de hoy para mañana.

Falta de posibilidades de financiación

Pero ese no es el único problema. De acuerdo con Dirk Heidel, director del Proyecto I.B.U., de Mecklenburgo-Pomerania Occidental y conocedor del sector azucarero cubano desde hace más de cinco años, las razones de la cautela tienen que ver, además de la mencionada reserva en las inversiones en Cuba, con las diferencias en los enfoques y con la magnitud de los proyectos: “La mayoría de los empresarios alemanes quiere invertir en Cuba, pero quieren comenzar de a poco”. Del lado cubano se ofrecen a menudo grandes proyectos “en los que las empresas alemanes no participan porque, de invertir grandes sumas, no saben si alguna vez recuperarán el dinero”.

Otro de los obstáculos es la falta de posibilidades de financiación: “Por el momento no hay ni un solo banco en Alemania que financie negocios con Cuba, lo que tiene que ver con que todos los bancos alemanes que lo hicieron tuvieron problemas con EE. UU.”. Para Stephan Gruber, jefe de Netcon AG, de Leipzig, y representante de la Casa Alemania, una fusión de empresas del Este alemán, la financiación es un gran tema: “no se puede pedir que las empresas  esperen uno o dos años su dinero”. Y mientras Alemania no cuenta con la financiación, Francia y Rusia llevan la delantera en los negocios con Cuba, que ya acordó nuevos acuerdos de cooperación con Rusia en el área de la aeronavegación y de la modernización de su industria azucarera. Francia, por su parte, representado por Colas Rail, una filial del grupo constructor Bouygues, se dispone a renovar las redes del ferrocarril cubano. Y el grupo Aéroports de Paris obtuvo el proyecto de modernización del Aeropuerto de La Habana.

AUTORA: ANDREAS KNOBLOCH

FUENTE: DW

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