Pacto por la seguridad | Jorge Lara Rivera

Indiferente, sorda y ciega siempre a la contingencia social por la cual atraviesan las grandes mayorías en el país, atenta a su divisa “divide y vencerás” la oligarquía atiza el fuego con distractores moralinos (como la persecución discriminatoria orquestada en contubernio con la intolerancia hipócrita del violador clero católico por el supuesto “modelo original” de la familia para negar los derechos humanos de las “minorías” que en conjunto, aunque despolitizadas y poco organizadas, totalizan considerable porción de la población) se afana, voraz, en poner a salvo sus “golondrinos” capitales, sin siquiera guardar las formas ante la inerme sociedad con gestos desdeñosos carente de la mínima gratitud hacia quienes pagan con sangre la protección que de sus bienes exige y la prepotente seguridad de que goza.

Muy por el contrario, la oligarquía no sólo desplegó su poder al conseguir la exención de transparencia que enjareta a otros con quienes se asocia para hacer pingües negocios, sino que empieza a mostrar su reclamo de más privilegios, vía ese otro cártel que forman delincuentes de cuello blanco disfrazado de grupos empresariales contra el fin de la “deducibilidad fiscal” del monto total de las prestaciones que “otorgan” (y tramposa y abusivamente se arrogan ellos mismos) a algunos empleados pero al final subvencionan los impuestos que pagan quienes carecen de ellas. No obstante, alharaquientos y oportunistas ven propicia la ocasión de obtener en el rejuego de la política mayor impunidad y nuevas prerrogativas que desborden su panoplia de privilegios. Ahí está como botón de muestra la milmillonaria y opaca “condonación” tributaria concedida a prósperos y alevosos negocios por el SAT de Aristóteles Núñez Sánchez apenas antes de su relevo en Hacienda.

El colmo de la desvergüenza en su doble moral los lleva a pedirle ahora, a través de Juan Pablo Castañón Castañón, al Presidente Enrique Peña Nieto un nuevo “Pacto” (como el que tanto denostaron porque osó pretender afectarlos con una reforma tributaria) entre los Poderes de la Unión, los partidos políticos en que juegan a varias bandas incluso desprestigiándolos, gobernadores ujieres, membretes bajo su control encubiertos como organismos civiles defensores de burgueses permisos para la exacción enmascarados como derechos humanos (“Consejo de la Comunicación”, “Asociación Mexicana de Bancos”, “Mexicanos Primero”, “Transparencia México”, “Instituto Mexicano para la Competitividad”, “Unión Nacional de Padres de Familia”, etc.) y operadores “ciudadanos” solícitos y opinadores mercenarios que velan por sus intereses cuidándoles el juego mediático, todo por “la seguridad y la impartición de justicia en México” –algo que, dicho sea de paso, de realizarse pondría a muchos de ellos tras las rejas.

No por innecesaria, sino por tardía luego del incremento en la espiral violenta su propuesta merece al menos, a la luz del escarmiento, cuestionarse. Qué pretenden en realidad –¿otro distractor?, ¿deducibilidad de sus escoltas y blindajes?, ¿cargo al erario de sus sistemas de seguridad en negocios y domicilios?, ¿hincarle el diente al presupuesto?, ¿aprovechar la coyuntura para alguna legitimación fascistoide y represora?–, qué esconden tras tan pía maniobra.

Más aún cuando por otra ruta personeros suyos hacen propuestas desquiciantes como la de la autorización para que la gente porte armas en sus autos y negocios para enfrentar a los delincuentes, misma que contraviene principios básicos de la teoría del Estado (tal el de su monopolio exclusivo de la fuerza para hacer cumplir la ley) y jurídicos elementales (como la concomitante prohibición de hacerse justicia por propia mano), recién formulada por el impresentable Jorge Luis Preciado Domínguez sin reparar en experiencia cercanísima como la estadounidense. ¿De qué se trata en realidad?

 

*Artículo publicado con la autorización del autor, colaborador del periódico Por Esto!;  léase también en este medio

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista del Diario Arte y Cultura en Rebeldía; en este espacio, ejercemos la Libre Expresión

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