Siria y Yemen: injerencias criminales | La Jornada

El bombardeo aéreo del sábado pasado sobre una funeraria en Saná, capital de Yemen, con saldo de unos 140 muertos y más de 500 heridos, es una muestra más de la barbarie regular con la que actúan las diversas potencias mundiales y regionales que intervienen militarmente en los conflictos en curso en Medio Oriente y la península Arábiga.

Hace un año la aviación estadunidense destruyó el hospital de Médicos Sin Fronteras en la ciudad afgana de Kunduz, con saldo de decenas de muertos, y en agosto pasado bombarderos de Arabia Saudita atacaron un sanatorio de esa misma organización no gubernamental, en Hajjah, norte de Yemen | Foto: ARCHIVO
Hace un año la aviación estadounidense destruyó el hospital de Médicos Sin Fronteras en la ciudad afgana de Kunduz, con saldo de decenas de muertos, y en agosto pasado bombarderos de Arabia Saudita atacaron un sanatorio de esa misma organización no gubernamental, en Hajjah, norte de Yemen | Foto: ARCHIVO

El ataque, posiblemente perpetrado por la coalición que encabeza Arabia Saudita –y que integran, además, Emiratos Arabes Unidos, Kuwait, Bahrein, Qatar, Jordania, Marruecos, Egipto y Pakistán, y cuenta con el respaldo de Estados Unidos–, tuvo por objetivo el funeral del padre del ministro del Interior, Galal al Rawishan, al que asistían alrededor de mil personas. Aunque las autoridades de Riad niegan la autoría del bombardeo, lo cierto es que las fuerzas aéreas de la alianza militar son las únicas con presencia y capacidad para realizar una acción semejante.

Mientras tanto, en Alepo, en la devastada Siria, centenares de miles de habitantes permanecen atrapados mientras las fuerzas militares de Damasco y de Moscú disputan el control de la ciudad con los rebeldes al régimen sirio, apoyados a su vez por Estados Unidos. Hoy hace unas semanas, un ataque aéreo presuntamente realizado por aviones rusos destruyó el hospital más importante en la zona de la urbe que aún se encuentra en manos de los opositores.

No son los únicos casos. Hace un año la aviación estadunidense destruyó el hospital de Médicos Sin Fronteras en la ciudad afgana de Kunduz, con saldo de decenas de muertos, y en agosto pasado bombarderos de Arabia Saudita atacaron un sanatorio de esa misma organización no gubernamental, en Hajjah, norte de Yemen, acción en la que 15 personas murieron y más de 25 resultaron heridas.

Paradójicamente, los gobiernos responsables de los ataques referidos invocan la lucha contra el terrorismo como justificación para perpetrar acciones que merecen la calificación de crímenes de guerra. En la confusión y la complejidad de los conflictos en curso no hay instancia internacional capaz de frenar la creciente brutalidad de las intervenciones extranjeras ni de atenuar el sufrimiento de los civiles atrapados en esas guerras. Como dato ilustrativo, el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas se encuentra empantanado por las diferencias entre varios integrantes permanentes, los cuales se han neutralizado mutuamente, en votaciones o por medio del veto, en diversas iniciativas para detener las hostilidades en Alepo.

El mundo asiste, en suma, a guerras en la que gobiernos constituidos rivalizan o superan en barbarie a las facciones fundamentalistas a las que combaten o dicen combatir. Es tiempo de que las sociedades de tales potencias se movilicen en la exigencia de cesar una violencia injerencista injustificada, contraproducente y contraria a los principios más elementales de derecho y de humanidad.

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