Exploran el cenote Xlacah, en la zona arqueológica de Dzibilchaltún

Dentro de este cenote de Yucatán también se documentaron piedras careadas, fragmentos de columnas, ornamentos conocidos como ‘tambores’ y haltunes (grandes metates de piedra)

A unos 20 metros de profundidad, los arqueólogos identificaron un “tecomate” y un cráneo humano de época prehispánica en extraordinario estado de conservación | Foto: Karla Ortega (Proyecto Gran Acuífero Maya 1)
A unos 20 metros de profundidad, los arqueólogos identificaron un “tecomate” y un cráneo humano de época prehispánica en extraordinario estado de conservación | Foto: Karla Ortega (Proyecto Gran Acuífero Maya 1)

Un equipo multidisciplinario de investigadores, encabezado por el arqueólogo subacuático Guillermo de Anda Alanís, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) realizó una inmersión en el cenote Xlacah, para conocer el estado de conservación del que fuera el corazón simbólico de la antigua urbe maya de Dizbilchaltún, en Yucatán.

Explorado en 1957 por buzos de la Universidad de Florida y algunos yucatecos, bajo la dirección del legendario arqueólogo Willy, se pudo constatar que el yacimiento arqueológico aún conserva información valiosa sobre las costumbres y pensamiento de los antiguos mayas.

“Desde que iniciamos el descenso vimos un gran depósito de material constructivo prehispánico, localizado sobre un derrumbe en la zona nororiental de la cueva. Documentamos piedras careadas, fragmentos de columnas, ornamentos conocidos como ‘tambores’ y haltunes (grandes metates de piedra)”.

El experto indica que la forma en que cayó este material suscita varias preguntas: ¿fue producto del derrumbe de un edificio en la orilla del cenote? ¿Fue un depósito intencional, tal vez una ofrenda, o algo completamente distinto, la desacralización de un edificio? “Sabemos que los españoles trataban de destruir la sacralidad de los sitios para debilitar a los antiguos mayas, rompiendo sus símbolos sagrados, cortando el corazón de un sitio y arrojándolo al inframundo, donde pretendieron que permaneciera irrecuperable, incógnito, escondido… hasta ahora”.

A unos 20 metros de profundidad, entre las raíces de un tronco, había una pequeña vasija que los arqueólogos identificaron como un “tecomate”. Su coloración es naranja intenso y está en perfecto estado de preservación. El descubrimiento de esta vasija indica la existencia de elementos arqueológicos bajo la densa capa de sedimento que cubre el fondo del cenote. Guillermo de Anda considera que se trata de una forma muy temprana, que será analizada posteriormente con la ayuda de expertos en la cerámica del sitio.

En el fondo de la cueva, cuya longitud cercana a los 1,000 metros lo hace uno de los cenotes más largos de Yucatán, se documentó el hallazgo de un cráneo humano en extraordinario estado de conservación. “Tiene la mandíbula aún articulada y varios dientes en su lugar. Además tiene una marca arriba del occipital, así como un orificio cerca del parietal derecho. Esto último pudiera ser una lesión que no alcanzó a sanar, indicativa tal vez, de un acto violento alrededor del momento de la muerte. La deformación intencional confirma su origen prehispánico.

“La vasija y el cráneo, rodeados de un sinfín de piedras careadas y de molienda, y de ornamentos arquitectónicos, nos lleva a concluir que el yacimiento arqueológico en el cenote Xlacah está vivo”, comentó De Anda, especialista en antropología física.

La exploración coordinada por Guillermo de Anda, responsable del proyecto Gran Acuífero Maya (GAM), y el doctor Ilan Vit Suzan, director de la Zona Arqueológica de Dzibilchaltún, permitió documentar evidencia de los trabajos arqueológicos realizados hace casi 60 años por el equipo de Andrews, a una profundidad de 32 metros.

“La exploración subacuática de aquella época tuvo gran mérito dadas las circunstancias, la dificultad del contexto y su profundidad, así como los equipos y técnicas disponibles en su momento. No cabe duda que se hizo un gran esfuerzo para llevar a cabo un riguroso trabajo arqueológico del que se conservan algunos testigos materiales que permitirán realizar un proyecto de ‘arqueología de la arqueología’. Desafortunadamente, las intenciones de Andrews no fructificaron debido a la complicada logística que se requirió para mantener el control de la excavación subacuática”.

En esta ocasión, el equipo documentó la presencia de varias estacas, como de un metro de alto, puestas equidistantes dentro del cenote, algunas de las cuales se mantienen sorprendentemente en el lugar en el que fueron depositadas. “Seguramente fue un intento por colocar una retícula de investigación por parte del doctor Andrews”.

Los miembros del equipo de exploración pertenecen también al proyecto GAM, impulsado por la National Geographic Society y otras instituciones, como el Banco de Desarrollo de América Latina, el INAH, la Universidad Tecnológica de la Riviera Maya, el Tecnológico de Carrillo Puerto, la UNAM y el Aspen Institute México. En éste también participan arqueólogos, ingenieros, geólogos, cartógrafos, profesionales y estudiantes de diversas instituciones académicas del país como la UNAM, IPN, UADY, UTRM y el Instituto Tecnológico Superior de Felipe Carrillo Puerto.

De Anda expresó que el INAH, a través de la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS), impulsa la exploración y protección del acuífero peninsular a través de proyectos de arqueología subacuática como el GAM, cuyo objetivo es conocer, desde un punto de vista académico y científico, el estado de conservación que guardan los cenotes de la península de Yucatán.

“Esta primera fase es por unos cinco años, lo cual no significa que en este tiempo vamos a tener todo el registro y los análisis correspondientes; tendremos una primera idea sobre lo que está sucediendo a uno de los acuíferos más importantes del mundo”, precisó el arqueólogo. Detalló que el proyecto constará de cinco etapas, y desde  2015 a la fecha se han investigado más de 60 cuerpos de agua en Yucatán y Quintana Roo.

El equipo de especialistas en esta inmersión estuvo conformado por el biólogo Arturo Bayona Miramontes, encargado de estudios medioambientales del GAM; Robert Schmittner, responsable de exploración y seguridad subacuática; Marty O’Farrel, videógrafo del proyecto; y Karla Ortega, experta en producción multimedia.

FUENTE: INAH

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