En busca del latinoamericano perdido

Un libro que explora la relación entre Marcel Proust y un grupo de latinos que consiguió un lugar ante la mirada acuciosa del mundo galo

En su más reciente libro, el investigador Rubén Gallo explora el vínculo entre el autor de 'En busca del tiempo perdido' y un grupo de artistas de América Latina que conoció en Francia
En su más reciente libro, el investigador Rubén Gallo explora el vínculo entre el autor de ‘En busca del tiempo perdido’ y un grupo de artistas de América Latina que conoció en Francia

Marcel Proust sostuvo una relación estrecha con un puñado de intelectuales latinoamericanos, quienes le enseñaron el significado de ser extranjero, lo ayudaron a comprender de primera mano qué es la otredad y qué implica cuando vives en una tierra que te mira por el rabillo del ojo como a un extraño. Sólo así lo comprendió el autor de En busca del tiempo perdido, porque en su vida viajó muy poco y prácticamente nunca exploró otros idiomas.

Aquel grupo de latinos que llegó a Francia a finales del siglo XIX estuvo integrado por el compositor venezolano Reynaldo Hahn —que fue su pareja algunos años—, el coleccionista argentino Gabriel de Yturri, el poeta cubano Jose-Maria de Heredia, el pintor mexicano Antonio de la Gandara y el crítico mexicano Ramon Fernandez, señalado como uno de los primeros intelectuales que estudiaron seriamente la obra de Proust.

Así lo revela el ensayista mexicano Rubén Gallo en Los latinoamericanos de Proust, un libro que explora la relación entre el literato francés y este grupo de latinos que consiguieron un lugar ante la mirada acuciosa del mundo galo.

“Digamos que América Latina fue una referencia histórica y política muy importante para Marcel Proust, dado que en su vida conoció dos grandes escándalos políticos que afectaron no solamente la historia de Francia, sino a sus ciudadanos comunes y corrientes”.

El primero, explica el ensayista y académico, fue el fallido imperio de Maximiliano de Habsburgo en México, un proyecto encabezado por Napoleón III, ocurrido poco antes del nacimiento de Proust, que sucedió en 1861 y concluyó con el fusilamiento de Maximiliano en 1867.

El segundo fue el proyecto francés de construir el Canal de Panamá, el cual sucedió antes de que Proust naciera, pero permaneció muchos años en el ambiente parisino como un trauma de ese intento colonialista fallido.

“Así que para Proust esto marcó su entendimiento de México y de la relación entre Francia y América Latina. El gran escándalo fue el Canal de Panamá, porque a la postre se convirtió en un gran fracaso que derivó en un escándalo de corrupción donde muchos franceses perdieron sus ahorros. Esto incluso lo menciona Proust en su novela, donde hay un personaje que cuenta cómo ha perdido una herencia tras haber invertido en bonos para este proyecto”.

Esto implicaría que América Latina estuvo muy presente en el marco político e histórico de En busca del tiempo perdido, en esa Francia de la tercera República, en los años de 1880 a 1890, donde la ambición colonial estuvo presente, pero sufrió esas dos grandes derrotas, explica Rubén Gallo.

De ese grupo de intelectuales, los más exitosos fueron Reynaldo Hahn en el terreno de la música, y Jose-Maria de Heredia como poeta. “Ambos llegaron a la cúspide.
Reynaldo Hahn, tras la Segunda Guerra Mundial en 1945, fue nombrado director de la Ópera de París, quizá la institución cultural más prestigiosa e importante de Francia; mientras que Jose-Maria de Heredia fue el primer latinoamericano y uno de los pocos extranjeros en ingresar a la Academia Francesa, también una de las más prestigiosas de su tipo en todo el mundo”.

¿Cómo fue que estos dos latinoamericanos llegaron a la cúspide?, se le inquiere al ensayista mexicano. “En parte, porque supieron jugar el juego. Y el juego consistía en olvidarse de su identidad como extranjeros, olvidarse de la cultura en que habían nacido y escribir en francés, vivir en francés e integrarse de lleno en la cultura parisina con todos los códigos rituales que eso implicaba”.

Algo muy interesante es que el origen de Reynaldo Hahn (Venezuela) y de Heredia (Cuba) se convirtió en un obstáculo importante para su trabajo, precisa Rubén Gallo. “Por ejemplo, cuando Hahn presentó su primera ópera tenía 26 años y los críticos, que fueron terribles y xenófobos, lo calificaron como un exótico desconocido, sin entrar en la calidad de la obra; y hacia 1870 cuando Heredia publicó sus versos en francés, lo tacharon como criollo de La Habana”.

SIN ACENTOS

En Los latinoamericanos de Proust, Gallo puntualiza dos elementos casi invisibles a la mirada del lector. Uno es que algunos personajes suprimieron los acentos de su nombre en un intento por adaptarse al ambiente de su época; y el hecho de que tanto Hahn
—un músico hoy reconocido en Francia—, y Heredia —un poeta leído hasta la fecha en sus escuelas— no son ubicados como latinoamericanos.

“Es más, cuando le mostré este libro a varios amigos que viven en Francia, se sorprendieron porque no los conocían como latinoamericanos, sino como franceses”.

¿Es el mismo caso del crítico Ramon Fernandez? “Es un caso muy similar. Hijo de madre francesa y diplomático mexicano, a los 20 años destacó como uno de los críticos más importantes de su generación. Fue un joven brillante que trabó amistad con T. S. Eliot y más tarde formó parte del comité de lectura de la NRF, editorial que se transformaría en Gallimard, quien por cierto publicó en 1943 uno de los primeros estudios filosóficos sobre la obra de Proust”.

“Lo interesante de Fernandez es que tenía un gran interés por la cultura inglesa y europea, quien nunca mostró interés en la cultura mexicana o latinoamericana. Sin embargo, Alfonso Reyes lo conoció en París y cuando se enteró que era mexicano fue a verlo y le pidió colaboraciones para una revista donde contara la historia de su y su relación con México”, añadió.

Pero de todos estos personajes, el más enigmático fue Antonio de la Gandara, reconoció el ensayista, un pintor de nacionalidad mexicana, amigo de Jacques-Émile Blanche, un retratista célebre de la época con quien pintó a distintos personajes de la época. “Gandara pintó a Yturri, a la hermana de Hahn, a embajadores y señoras chilenas y argentinas ricas que vivían en París”. Sin embargo, el investigador precisa que aún falta recabar mucha información sobre este personaje.

Por último Rubén Gallo asegura que al final este libro muestra que Proust tuvo una idea más sofisticada y compleja de América Latina, a diferencia de otros autores como Balzac. “Cito el caso de Balzac, quien trabajó la figura del rastacuero latinoamericano,  ese latinoamericano rico que llegaba a París para derrochar su fortuna, el cual fue retomado por la ópera de Jacques Offenbach”.

AUTOR: JUAN CARLOS TALAVERA

FUENTE: EXCÉLSIOR 

ENLACE: http://www.excelsior.com.mx/expresiones/2016/10/06/1120888

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