El Concierto de Yahal Kab: De sones y armonías | Ariel Avilés Marín

Sin lugar a dudas, existe en el medio grupos cuya presencia convoca a un gran número de fieles seguidores que acuden sin reservas a disfrutar de la actuación de su grupo favorito; tal es el caso de los melómanos que siguen al grupo Yahal Kab y que, en cada actuación, abarrotan materialmente el recinto donde se presentan; como sucedió el sábado 17 del corriente, en el Teatro “José Peón Contreras”, en el marco del “Festival Anual de las Artes”.

En la interpretación pudimos anotar, por destacadas, la participación certera del requinto de Ricardo Vega y los cálidos y dulce solos de flauta de su hermano Álvaro. El grupo dejó constancia del recuerdo de que, este año, se cumplen quince de la desaparición física de Pastor | Foto: FACEBOOK
En la interpretación pudimos anotar, por destacadas, la participación certera del requinto de Ricardo Vega y los cálidos y dulce solos de flauta de su hermano Álvaro. El grupo dejó constancia del recuerdo de que, este año, se cumplen quince de la desaparición física de Pastor | Foto: FACEBOOK

Definitivamente, Yahal Kab es una institución musical que sabe lo que hace, no en balde sus fundadores y columnas centrales, los hermanos Vega, acumulan varias décadas de experiencia en el rico mundo de la trova y los sones, que el grupo, a través del tiempo, ha tenido siempre la virtud de renovarse y enriquecerse, para mantener un nivel de calidad de primera línea en este difícil y competido campo del arte.

En un Peón Contreras, en el que luneta, plateas y el primer balcón, se vieron llenos de gente, la alegría y el entusiasmo estuvieron presentes de principio a fin de la actuación, y el respetable, que estableció a lo largo del concierto una franca comunicación con el grupo, no tuvo el menor empacho de, no pedir, sino exigir, la prolongación de la actuación, al anunciar el grupo el fin del concierto.

Hubo algunos puntos que consideramos es necesario señalar: Penosamente, el público local sigue siendo muy irrespetuoso con la hora del inicio de los espectáculos; hasta más de la mitad de transcurrido el concierto, había gente que seguía entrando a ocupar lugares, hasta en las primeras filas, sin consideración para quienes habían estado a tiempo para el inicio del evento. Nos llamó negativamente la atención que, cuando la alegría de la música se contagió en la sala, numeroso grupo de gente se paró a bailar, sin problema; cuando unas pequeñas, contagiadas por la alegría, lo hicieron también, una edecán las regañó y le pidió a la madre que mantenga sentadas a sus hijas ¿por qué la discriminación?

Pero pasemos a la materia de esta crónica. El concierto puede dividirse en dos partes. En la primera, la materia prima se nutrió de la trova yucateca de transición, es decir, la que viene después de los clásicos de gran entraña y sirve de antecedente a la que puede considerarse como “nueva trova yucateca”. Abrió programa “Linda Boca”, de Julio Brito, canción en la que se tocaron los dedos la trova yucateca y su hermana, la trova cubana. Vino enseguida “Pecado y Castigo”, con letra y música del inolvidable Manuel Díaz Masa, a la que siguió una verdadera joya de trova y poesía, “El Collar”, de Pastor Cervera, pieza poética de delicadeza sin par.

En la interpretación pudimos anotar, por destacadas, la participación certera del requinto de Ricardo Vega y los cálidos y dulce solos de flauta de su hermano Álvaro. El grupo dejó constancia del recuerdo de que, este año, se cumplen quince de la desaparición física de Pastor. Del mismo autor, vino en seguida “En tus ojos”, inmortal bambuco del autor. El programa se centró ahora en otro grande de este género, Juan Acereto, de quien nos ofrecieron, en primer lugar “No arrincones mis besos”, joya de la variedad del bolero-filing, y en cuya interpretación anotamos las dulces cadencias del trombón de llaves, que puso una nota sentida a la obra.

Del mismo Acereto, el grupo trajo al escenario, a ritmo de clave, “Ave sin rumbo”, canción poco difundida de la rica obra del autor, y en la que, voz y flauta alternaron sus registros para lograr una armonía rica y sabrosa. La primera parte concluyó con una obra que pertenece ya a la “Nueva Trova Yucateca”, del gran compositor Jorge Buenfil, el grupo nos regaló con “Eso y Más”.

En la segunda parte del programa, se desparramó por la sala el sabor del Caribe, con su cadencia y ritmo que llena el alma de alegría y ganas de bailar; como si estuviéramos caminando por Obispo. El yucatequísimo requinto cedió su lugar protagónico al tres cubano y se arrancó el grupo con “Veinte Años” de María Teresa Vera, como sacada de un álbum del Buenavista Social Club y con la voz de Omara Portuondo, canción plena del filing y en la que, la trompeta con sordina, puso un acento nostálgico a la pieza; el tres cubano y la flauta unieron sus voces para completar la dulce armonía.

En seguida, vino un clásico de clásicos de la música cubana, “Chan Chan”, de Francisco Repilado Muñoz “Compay II”, obra en la que el tres cubano de Ricardo Vega bordó verdaderas filigranas musicales. A continuación, se desbordó la alegría al interpretar “Los Tamalitos de Olga”, chachachá de Óscar de León, en cuya interpretación, la flauta de Álvaro Vega hizo verdaderas acrobacias musicales; la alegría del público se desbordó y las palmas sonaron fuerte en la sala. En seguida vino “Candela” con letra de Hibrahim Ferrer y música de Juan Formell, el entusiasmo se hizo incontenible, y la sala se llenó de gente que bailó al compás del grupo. Volvió a la sala Compay II, ahora en su inmortal “Lágrimas Negras”.

Un momento de profundo sentimiento en la noche, fue aquel en el que el grupo decidió rendir un merecido homenaje a la recién desaparecida poeta Beatriz Rodríguez Guillermo, tan querida en nuestra comunidad, y lo hizo nada menos que con una muy sentida canción, con letra del poeta nacional de Cuba, Nicolás Guillén y música de Pablo Milanés, “Canción”, con gran delicadeza se inició: “De que callada manera….como si fuera la primavera y yo muriendo”, el sentimiento llegó a lo profundo del respetable y la ovación se dejó caer en grande. Cerró programa una obra de Ricardo Vega en homenaje a nuestra ciudad: “Para mi Mérida, un son”, que resultó alegre y sentida a la vez. El multicéfalo se alborotó y, no pidió, exigió más, y el grupo accedió con gusto y nos regaló como ancore el gustadísimo “Son de la Loma”, de Miguel Matamoros que puso a la sala toda a bailar y a ovacionar de pie, largamente al grupo.

Hemos de anotar los créditos para cada uno de los integrantes del grupo: A la trompeta tuvimos a Franklin Bruz; las congas fueron ejecutadas por Isaías Soto; a cargo de los timbales y directo de Olguín, Cuba: Nachito; los bongós estuvieron en manos de Noé Vera, la guitarra acompañante estuvo a cargo de Efrén Magaña, el vocalista del grupo fue el magnífico tenor cubano Lázaro González; el bajo corrió en la ejecución de Ricardo Vega Vera; la flauta, magistralmente ejecutada por Álvaro Vega y la dirección musical, requinto y tres cubano corrieron a cargo de Ricardo Vega.

Pocas veces, el público sale de la sala tan complacido, como cuando ha tenido la oportunidad de disfrutar una noche de concierto con el grupo Yahal Kab.

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