Escritora mexicana Verónica Murguía atribuye el plagio de un texto a Pérez-Reverte

Precisó a La Jornada que no entablará acción legal contra el integrante de la Real Academia Española

El artículo original se publicó el 10 de noviembre de 1997 en la revista quincenal El laberinto urbano, con el título: “Historia de Sami”, firmado por Verónica Murguía | Foto: LA JORNADA

El artículo original se publicó el 10 de noviembre de 1997 en la revista quincenal El laberinto urbano, con el título: “Historia de Sami”, firmado por Verónica Murguía | Foto: LA JORNADA

MÉXICO, DISTRITO FEDERAL | ERICKA MONTAÑO GARFIAS (LA JORNADA) | MARZO 2015

La escritora mexicana Verónica Murguía (DF, 1960) atribuye plagio al autor español Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) por el artículo Un chucho mejicano, que reproduce la historia de Sami, un perro callejero.

Pérez-Reverte lamenta la situación, ofrece disculpas a la escritora y subraya que esa historia la escribió tal y como se la contó el escritor Sealtiel Alatriste.

El artículo original se publicó el 10 de noviembre de 1997 en la revista quincenal El laberinto urbano, con el título: “Historia de Sami”, firmado por Verónica Murguía.

Meses después, el domingo 15 de marzo de 1998, Arturo Pérez-Reverte publicó en El Semanal el artículo Un chucho mejicano, que tiene la anécdota, narrada en el mismo orden cronológico, y frases completas idénticas a las del texto de Murguía.

“Un chucho mejicano”, fue recogido en Perros e hijos de perra(Alfaguara), la obra más reciente de Pérez-Reverte, y fue hasta ahora, con la publicación del libro, que Murguía se dio cuenta del plagio.

Hay frases idénticas. La anécdota es idéntica, con la excepción de que yo la protagonicé con el pobre perro, que además dudo que haya visto (como lo menciona en el libro) porque murió poco tiempo después de haber escrito mi artículo, indica Verónica Murguía a La Jornada, y precisa que no entablará acción legal contra el integrante de la Real Academia Española.

“No quiero dinero ni voy a entablar una batalla legal con un hombre que es mucho más poderoso y rico que yo. No soy ni poderosa ni rica, pero por esas razones me parece de lo más horrible que alguien haga pasar un documento como suyo, cuando es una persona que tiene una carrera hecha y derecha y no necesita nada y le publican donde sea. Lo que quiero es una disculpa pública, que retire el texto del libro, y si no lo hace entonces que done una parte de las ganancias a un refugio de perros en México.

“Esa historia que plagió es una historia de amor con mi mascota, la llenó de pintoresquismos que no me gustan: el mariachi, el tequila y que ni siquiera dijo ‘ándale o híjole’ cuando lo llevamos al veterinario, o que parecía que fue con Villa a la toma de Zacatecas. México no es tierra denarcos, tequila y mariachi nada más; también es el México de la clase media que trata de rescatar un animal y que se une a su alrededor por compasión. Quisiera que me ofreciera una disculpa y que no confiara en Sealtiel Alatriste, quien nunca fue mi vecino, y que ya tiene una cola que le pisen larguísima”, en referencia a las acusaciones de plagio que en 2012 llevaron al entonces titular de la Coordinación de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México a dejar el cargo y renunciar al premio Xavier Villaurrutia que recién se le había concedido.

Querella en España

Pérez-Reverte, quien acaba de publicar el libro Hombres buenos, que estará disponible en México en unos días, también enfrentó una querella por plagio en España, del que fue exonerado en varias ocasiones, aunque finalmente tuvo que pagar una multa de 212 mil euros, cuando la Audiencia Provincial de Madrid aceptó un recurso de apelación de la parte demandante. El escritor en entrevista telefónica desde Madrid dijo a La Jornada que desconocía la existencia del texto de Verónica Murguía, aunque la escritora sí aparece en Un chucho mejicano.

“Desde el principio del texto digo que es una historia que me contó Sealtiel (Alatriste). Estuve con él en noviembre en México por lo de la Feria de Guadalajara y anduvimos por la ciudad de México. Ya no recuerdo, pero me llevó por el barrio y me dijo ‘mira en este barrio’, ‘el perro’, y ya no recuerdo si vi al perro o me lo describió tan bien que lo conté como él me lo contó. Si la historia estaba tomada, leída por Sealtiel en un relato, pues evidentemente me disculpo con la señora. Fue sorprendida mi buena fe.”

Subrayó que escribió lo que ocurrió con Sami tal como lo cito. Si realmente las frases son parecidas o idénticas Sealtiel fue quien me contó la historia, quizá tal como él la habría leído. No estoy acusando a Sealtiel.

‘‘No sé de ese perro más que lo que Sealtiel me contó, lo que él me dijo que había ocurrido en el barrio. Tampoco creo que me lo haya contado de mala fe, y después esa historia la conté yo.

Era una historia bonita que si hubiera sabido que había un artículo sobre eso lo habría citado. Es evidente que la señora tiene mis disculpas, si eso ha sido así, pero que quede claro que yo cité la fuente, lo primero que hago es decir que Sealtiel me contó la historia.

–Hay una parte donde dice que al conocer la historia le interesó ver al perro y lo describe como un esmirriado chucho blanco con manchas negras, a medio camino entre un zorrillo y un pastor alemán. Esas, entre otras, son palabras del texto de Verónica Murguía.

–Yo diría que creo que lo vimos. Mi recuerdo es ese, pero en este momento ya no puedo decirte si el recuerdo es de mi propio artículo, de lo que Sealtiel me describió, o que lo vimos. Recuerdo que había perros, vimos un perro en la calle y dijo: ese es el perro. Pero ahora a tanta distancia no sabría decirte.

Historia de Sami (Fragmento) | Verónica Murguía

(Publicado el 10 de noviembre de 1997) (Fragmento)

El chiste es que el pobre perdió un ojo. Nos dimos cuenta de casualidad porque no se quejaba. En esa época sólo se quejaba y de una manera absolutamente cinematográfica –con aullidos estremecedores–, cuando la alarma de algún coche se quedaba encendida. Una de las vecinas se dio cuenta, y compadecida, recolectó algo de dinero en el edificio y lo llevó al veterinario. El Sami se comportó como un héroe. No mordió a nadie, no se quejó, ni orinó el coche. Los vecinos, impresionados por su estoicismo nos cooperamos para el retazo con hueso y las medicinas. Gente a la que sólo conocíamos de vista se acercaban para preguntar por él. El Sami abría su único ojo y movía las orejas hacia adelante, mientras, a su alrededor, vecinos que antes se ignoraban estudiadamente, se informaban del estado de sus vidas. El Sami se convirtió en el cemento universal.

Hace poco, y tal vez era de esperarse, lo atropellaron. Un equipo de emergencia, compuesto por la señora de la librería, un señor a quien le digo el licenciado porque no me sé su nombre, y yo, lo envolvimos en una colchoneta y lo llevamos al veterinario. Allá llegó otra copropietaria, a darle de besos en la nariz. Con el aliento que tiene. La veterinaria, contagiada por el espíritu de la reunión, llamaba al perrotocayo, ya que ella se llama Samantha.

Antes de que entrara a cirugía, el licenciado y la señora de la librería le dieron una apresurada sesión de una especie de transmisión de buenasvibras llamada reiki. Los veterinarios no salían de su asombro. Yo tampoco.

Un chucho mejicano | Arturo Pérez-Reverte

(Publicado el 15 de marzo de 1998) (fragmento)

Un danés grande como un castillo le sacó un ojo.

Los vecinos se dieron cuenta por casualidad, pues Sami no se quejaba. Anduvo por la colonia tuerto y callado hasta que una vecina se dio cuenta, y compadeciéndose de él recolectó algunas decenas de pesos para llevarlo en su coche al veterinario. Y ahí Sami estuvo puritito charro y valiente, muy a la altura de las circunstancias: no mordió a nadie, ni orinó donde no debía, y ni siquiera dijo ándale, o híjole, o guau, que es lo menos que un perro mejicano puede decir en tales casos. Silencioso y estoico, fue devuelto a la calle vendado, cosido y curado, como si volviera con Villa de la toma de Zacatecas. Y los vecinos, impresionados por las maneras del chucho, empezaron a interesarse por él, a cooperar en su restablecimiento con huesos y medicinas. Gente que sólo se conocía de vista, que no se había dirigido nunca la palabra antes, se paraba en la calle a preguntar por Sami; y, como consecuencia, a interesarse los unos por los otros. La cosa se acentuó cuando a Sami lo atropelló un coche. Un equipo de emergencia compuesto por la dueña de la librería de la esquina, un señor a quien llaman ‘el licenciado’ –todos los vecinos ignoran su nombre– y la escritora Verónica Murguía, que también vive allí, lo envolvieron en una colchoneta y lo llevaron al veterinario; donde un par de vecinos más acudieron a interesarse por su estado, y antes de que entrara a cirugía le dieron una apresurada sesión de transmisión de energía positiva llamada reiki, ante el asombro de los veterinarios. Y se quedaron todos afuera, fumando, esperando, mientras a Samilo operaban a vida o muerte.



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